Gisele Benoit – Opus
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En la distancia, otro oso polar se muestra en una postura más relajada, aparentemente observando el entorno. El paisaje de fondo está construido con montañas cubiertas de vegetación escasa y un cielo que difumina los contornos entre el rosa y el púrpura, creando una atmósfera onírica o melancólica. La paleta cromática es inusual para la representación de un paisaje ártico; la ausencia casi total de blanco puro y la introducción de tonos rosados y violáceos sugieren una alteración del entorno natural, quizás una referencia a los efectos del cambio climático.
La pintura plantea interrogantes sobre la vulnerabilidad y la supervivencia en un ecosistema amenazado. El oso que ruge podría simbolizar el sufrimiento o la protesta ante una situación adversa, mientras que el otro, más distante, representa quizá la resignación o la adaptación forzada a nuevas condiciones. La composición invita a la reflexión sobre la relación entre el hombre y la naturaleza, y sobre las consecuencias de la acción humana en los entornos polares. El uso de colores no realistas intensifica esta sensación de irrealidad y alerta al espectador sobre una posible catástrofe ecológica. Se percibe una tensión palpable entre la belleza del paisaje y la amenaza latente que se cierne sobre sus habitantes.