National Gallery of Art – Francisco de Goya - Therese Louise de Sureda
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La mujer está representada de medio cuerpo, ligeramente girada hacia el observador. Su postura es formal pero no rígida; una mano descansa sobre el brazo del sillón, mientras que la otra sostiene un pequeño papel doblado cerca del pecho. La expresión en su rostro es compleja: hay una mezcla de seriedad y melancolía, con una sutil sombra de tristeza en los ojos. No se trata de una sonrisa abierta, sino más bien de una leve insinuación de afecto contenida.
El atuendo es notable por su sobriedad y elegancia. Un vestido azul oscuro, posiblemente de terciopelo o un tejido similar, define la silueta con líneas limpias y sencillas. El contraste entre el azul del vestido y los dorados del sillón crea una vibración visual que atrae la mirada hacia la figura central. La disposición del cabello, recogido en un peinado sencillo pero cuidado, contribuye a la impresión de refinamiento y decoro.
El papel que sostiene la joven sugiere una comunicación escrita, quizás una carta o un mensaje personal. Este detalle introduce una capa de misterio e intriga; ¿qué contiene el papel? ¿A quién va dirigido? La inclusión de este objeto invita a especular sobre la historia detrás del retrato.
La iluminación es suave y difusa, sin sombras dramáticas que distorsionen los rasgos. Esto permite apreciar con claridad la textura de las telas y la delicadeza de la piel. El artista parece haber buscado capturar no solo la apariencia física de la retratada, sino también su estado anímico, su carácter interior.
En general, el retrato transmite una sensación de introspección y quietud. La joven se presenta como una figura reservada, consciente de sí misma y del mundo que la rodea. El uso del color, la composición y la expresión facial contribuyen a crear una atmósfera de elegancia contenida y sutil melancolía. Se percibe un deseo de preservar la dignidad y el decoro en un retrato que va más allá de la mera representación física.