National Gallery of Art – Marco Ricci - A Capriccio of Roman Ruins
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El autor ha dispuesto una serie de elementos arquitectónicos aparentemente al azar: columnas truncadas, pedestales derruidos, arcos colapsados y fragmentos de muros que sugieren la grandeza perdida de una civilización. En el centro, sobre un pedestal elevado, se erige una estatua ecuestre, representando presumiblemente a un emperador o figura importante del pasado romano. La figura, aunque imponente en su posición, también exhibe signos de deterioro y abandono, reforzando la idea de decadencia y transitoriedad.
En el primer plano, tres figuras humanas interactúan con el entorno ruinoso. Dos hombres, vestidos con ropas sencillas, parecen estar examinando o excavando entre los escombros, mientras que un tercer personaje, desnudo, se aventura sobre una roca, extendiendo su brazo como si invitara a contemplar la vista. La presencia de estos personajes introduce una escala humana en el paisaje, sugiriendo una relación entre el presente y el pasado, entre el observador moderno y las ruinas de una civilización antigua. Un perro, también representado con cierta naturalidad, acompaña a los hombres que trabajan.
La paleta de colores es dominada por tonos terrosos – ocres, marrones y grises – que acentúan la atmósfera melancólica y nostálgica del lugar. El uso de la luz es sutil; no hay una fuente de iluminación directa, sino más bien una difusión uniforme que suaviza los contornos y crea una sensación de profundidad.
Más allá de la mera representación de ruinas, esta pintura parece explorar temas como el paso del tiempo, la fragilidad de las civilizaciones y la relación entre la naturaleza y la cultura. La yuxtaposición de elementos arquitectónicos grandiosos con la presencia humana diminuta sugiere una reflexión sobre la vanidad de los logros humanos frente a la inmensidad del tiempo. El paisaje, aunque ficticio, evoca un sentimiento de misterio y melancolía, invitando al espectador a contemplar las huellas del pasado y su significado en el presente. La composición, con su equilibrio entre elementos arquitectónicos y figuras humanas, transmite una sensación de quietud y reflexión.