Giovanni Battista Tiepolo – The meeting of Anthia and Abrokomes at the festival of Diana
Ubicación: Gallery of Accademia, Venice (Gallerie dell’Accademia).
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En primer plano, una mujer recostada sobre un lecho improvisado domina la escena con su quietud y vestimenta blanca, que contrasta con los tonos terrosos del entorno. Su expresión es serena, casi adormecida, lo que sugiere una conexión con la naturaleza o quizás un estado de trance. A su lado, dos perros parecen custodiarla, añadiendo un elemento de protección y domesticación a la escena.
Avanzando en el plano medio, se distingue una figura femenina vestida con ropajes que recuerdan a los de una ninfa o una diosa, adornada con una corona de hojas. Su postura es firme y su mirada dirigida hacia un hombre que se acerca. Este hombre, ataviado con una túnica dorada, parece ser el foco de la atención de la mujer, estableciendo una conexión visual que sugiere un encuentro significativo. La interacción entre ambos personajes es el eje central de la narrativa pictórica.
El resto de los presentes conforman una multitud heterogénea: campesinos, músicos, y otros participantes en la festividad. Sus gestos y expresiones sugieren alegría, celebración y participación activa en el evento. La disposición de las figuras crea una sensación de movimiento y dinamismo, aunque la quietud de la mujer recostada actúa como un contrapunto visual que centra la atención del espectador.
En el fondo, se aprecia un paisaje montañoso con una ciudadela o templo visible a lo lejos, insinuando una conexión entre el mundo natural y el ámbito civilizado. Un cupido alado flota en los cielos, añadiendo un elemento de ligereza y romance a la escena. Su presencia sugiere la influencia del amor divino sobre los acontecimientos que se desarrollan abajo.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas como el encuentro entre lo salvaje y lo domesticado, lo terrenal y lo divino, o quizás una alegoría del amor y el destino. La mujer recostada podría representar la naturaleza primordial, mientras que el hombre simboliza la civilización o el deseo. El festival de Diana, implícito en el título, evoca la fertilidad, la caza y la conexión con los ciclos naturales. La composición general sugiere una armonía entre estos elementos, aunque también se intuyen tensiones latentes entre ellos. La luz, que incide sobre las figuras principales, acentúa su importancia dentro de la escena festiva, creando un ambiente de misterio y encanto.