Giovanni Battista Tiepolo – San Procolo bishop of Verona visits the Saints Firmus and Rusticus
Ubicación: Academy Carrara (Accademia Carrara), Bergamo.
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En el centro, una figura anciana, presumiblemente de elevada jerarquía por su vestimenta litúrgica –un manto rojo sobre una túnica verde– se presenta como eje central de la narrativa. Su rostro, marcado por la edad y la expresión solemne, dirige la atención del espectador hacia un objeto que sostiene en alto: parece ser una reliquia o un símbolo religioso. A sus pies, una figura arrodillada, vestida con ropas más modestas, le ofrece reverencia, indicando sumisión o devoción. A su derecha, otro personaje, sentado sobre lo que parece un sillón o banco, observa la escena con una expresión de interés y quizás algo de melancolía; sus manos se apoyan en el bastón que tiene a su lado.
La arquitectura que sirve de telón de fondo es fundamental para comprender la composición. Un arco monumental enmarca el espacio, permitiendo vislumbrar un cielo despejado y una luz más suave que contrasta con la oscuridad del primer plano. En lo alto del arco, se aprecia una figura alada, posiblemente un ángel o puto, que observa la escena desde una posición privilegiada. La decoración escultórica en el friso superior refuerza la sensación de solemnidad y grandeza.
El uso de la perspectiva es notable; el espacio parece comprimirse hacia atrás, intensificando la concentración de las figuras en el primer plano. La paleta cromática se centra en tonos cálidos –rojos, verdes, dorados– que acentúan la importancia de los personajes principales y contribuyen a crear una atmósfera de recogimiento y devoción.
Más allá de lo evidente, esta pintura sugiere una narrativa compleja. La visita del personaje central a los otros dos podría interpretarse como un acto de consuelo, bendición o incluso intercesión divina. La figura arrodillada representa la fe y la humildad, mientras que el hombre sentado simboliza quizás la contemplación o la reflexión sobre la divinidad. El ángel en lo alto actúa como testigo celestial, confirmando la importancia del evento representado. La oscuridad que rodea a los personajes sugiere un contexto de sufrimiento o persecución, intensificando el significado espiritual de la escena. En definitiva, se trata de una obra que invita a la reflexión sobre temas como la fe, la redención y la relación entre lo terrenal y lo divino.