Part 5 Louvre – Francesco Pesellino (c. 1422-1457) -- Saint Francis of Assisi Receiving the Stigmata
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La figura principal, vestida con el hábito de un monje, levanta su mano derecha en un gesto que podría interpretarse como súplica, alabanza o incluso entrega. Su rostro expresa una mezcla de éxtasis y sufrimiento, capturando la intensidad del momento trascendental que se representa. La postura es tensa, casi dolorosa, pero a la vez transmite una profunda devoción.
A su derecha, otra figura yacente, también ataviada con el hábito monástico, parece sumida en la contemplación o el trance. Su rostro está oculto entre sus manos, lo que sugiere una experiencia interna y personal, un recogimiento ante la divinidad. La posición horizontal contrasta con la verticalidad de la figura arrodillada, creando una dinámica visual interesante.
El paisaje montañoso es crucial para entender la narrativa. Las rocas blancas, casi translúcidas, parecen irradiar luz propia, enfatizando el carácter sobrenatural del evento. En el fondo, se vislumbra un pequeño edificio con techo rojo, posiblemente un ermitaño o una capilla, que refuerza la idea de aislamiento y devoción. Un ángel, representado con alas extendidas, emerge entre las rocas, como mensajero divino o testigo privilegiado de la experiencia mística.
La paleta de colores es limitada pero efectiva: predominan los tonos ocres y marrones en las figuras, contrastando con el azul del cielo y el blanco de las montañas. Esta restricción cromática contribuye a crear una atmósfera solemne y contemplativa. La luz, aunque no dramática, ilumina selectivamente los rostros de las figuras principales, dirigiendo la atención del espectador hacia sus expresiones.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como el sufrimiento redentor, la conexión entre lo humano y lo divino, y la búsqueda de la trascendencia espiritual. La representación de la estigmatización, un evento central en la vida de San Francisco, se presenta no tanto como una herida física, sino como una experiencia transformadora que une al individuo con el dolor de Cristo. El paisaje montañoso, con su aire de aislamiento y pureza, simboliza el retiro del mundo y la inmersión en lo sagrado. La presencia del ángel sugiere la intervención divina y la promesa de salvación. En definitiva, se trata de una representación íntima y conmovedora de un momento crucial en la vida religiosa, que invita a la reflexión sobre la fe, el sacrificio y la gracia divina.