Part 5 Louvre – Workshop of Frans Floris the Elder -- Holy Family with Saints Anne, Elizabeth and the Infant John the Baptist
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El grupo central está dominado por una representación de la Sagrada Familia: María, con su rostro sereno y mirada introspectiva, sostiene al Niño Jesús quien, a su vez, recibe un beso de José. A ambos lados de José se encuentran Santa Ana y Santa Isabel, ambas ancianas, que participan en este gesto de afecto familiar. La proximidad física entre todos los personajes transmite una sensación de intimidad y ternura, reforzada por la disposición circular que los une.
Un ángel, situado a la izquierda del grupo principal, ofrece una corona de laurel, un símbolo tradicional de victoria y santidad, lo cual eleva la escena a un plano divino. La presencia del ángel introduce una dimensión celestial en el ámbito terrenal, sugiriendo la bendición divina sobre esta familia.
En primer plano, se aprecia una cesta rebosante de fruta madura, especialmente uvas, que aluden a la fertilidad y abundancia. Junto a la cesta, un pequeño gato observa la escena con curiosidad, introduciendo un elemento naturalista que contrasta con la solemnidad del resto de la composición. La inscripción sobre la caja donde se apoya la cesta es difícil de leer completamente, pero parece contener una referencia devocional.
La paleta cromática es rica y vibrante, con predominio de tonos cálidos como el rojo, el ocre y el dorado, que contribuyen a crear una atmósfera de calidez y solemnidad. La luz incide sobre los rostros de los personajes, resaltando sus expresiones y acentuando la sensación de realismo en sus representaciones.
Subtextualmente, la pintura explora temas como la divinidad de la familia humana, la importancia del afecto y el cuidado entre generaciones, y la promesa de salvación a través de la fe. La disposición de los personajes sugiere una jerarquía: María y el Niño Jesús ocupan el centro visual, mientras que Santa Ana y Santa Isabel se presentan como figuras venerables que transmiten su legado espiritual. El ángel con la corona refuerza la idea de santidad inherente a esta familia sagrada, invitando al espectador a contemplar su ejemplo de virtud y devoción. La inclusión del gato, aunque aparentemente trivial, podría interpretarse como un símbolo de domesticación o incluso de vigilancia divina sobre los acontecimientos humanos.