Part 5 Louvre – Ortolano -- Adoration of the Infant Jesus
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A su izquierda, una figura masculina, ataviada con ropas que sugieren modestia y posible oficio –un manto verde sobre una túnica roja– se encuentra sentada, con las manos apoyadas en el regazo y un gesto contemplativo. En su mano derecha sostiene un báculo o bastón, símbolo tradicional de autoridad espiritual o peregrinación. Su postura es serena, casi melancólica, invitando a la reflexión sobre la divinidad del niño.
A la derecha, una figura femenina, vestida con un manto azul y detalles anaranjados, se arrodilla en actitud de oración. Sus manos están juntas frente a su pecho, expresando devoción y respeto hacia el Niño Jesús. La palidez de su rostro y la delicadeza de sus rasgos sugieren una naturaleza piadosa y maternal.
El fondo está dividido en dos zonas bien diferenciadas. A la izquierda, se extiende un paisaje montañoso con vegetación exuberante y un río serpenteante que desaparece entre los árboles. En la lejanía, se vislumbra una figura humana, posiblemente otro adorador, lo que amplía el alcance de la escena a una comunidad creyente. A la derecha, una estructura arquitectónica, presumiblemente una gruta o cavidad excavada en la roca, proporciona un marco oscuro y misterioso. Esta dualidad entre el paisaje abierto y la oscuridad del refugio podría simbolizar la transición entre lo terrenal y lo divino, o bien la protección que se ofrece al recién nacido.
La iluminación es desigual, concentrándose sobre las figuras principales y el Niño Jesús, mientras que el fondo permanece en penumbra. Esto acentúa su importancia dentro de la composición y crea una atmósfera de recogimiento y solemnidad. La paleta de colores es rica pero contenida, con predominio de tonos verdes, azules, rojos y ocres, contribuyendo a la sensación de realismo y devoción.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como la humildad, la fe, la protección divina y el misterio del nacimiento de Cristo. La presencia del paisaje montañoso podría aludir a la naturaleza salvaje y a los desafíos que enfrentará Jesús en su misión terrenal, mientras que la gruta simboliza un lugar sagrado, apartado del mundo profano. La figura masculina, con su báculo, podría representar una conexión entre el mundo terrenal y el espiritual, actuando como intermediario entre el Niño Jesús y la comunidad creyente. La postura de oración de la mujer enfatiza la importancia de la devoción personal en la experiencia religiosa. En conjunto, la pintura invita a la contemplación silenciosa y a la reflexión sobre los misterios de la fe.