Fouquet, Jean – Self-portrait of Fouquet (1450), copper, blue enamel and gold. Only remaining piece of a diptych ordered for the church of Notre-Dame in Melun by Etienne Chevalier, secretary and counsellor to French king Charles VII. Diameter 6.8 cm-OA 56 Part 5 Louvre
Part 5 Louvre – Fouquet, Jean -- Self-portrait of Fouquet (1450), copper, blue enamel and gold. Only remaining piece of a diptych ordered for the church of Notre-Dame in Melun by Etienne Chevalier, secretary and counsellor to French king Charles VII. Diameter 6.8 cm-OA 56
Aquí se observa un retrato circular ejecutado sobre cobre y esmaltes azules y dorados. La composición se centra en la figura de un hombre que nos mira directamente, con una expresión serena pero ligeramente melancólica. El rostro, modelado con meticulosidad, presenta una textura rugosa, producto del uso del dorado repujado, que le confiere una apariencia casi palpable. La luz incide sobre el rostro desde un ángulo lateral, acentuando las arrugas y los detalles de la piel, sugiriendo una cierta edad y experiencia vital. El hombre viste una túnica oscura con un cuello alto, cuyo diseño es sencillo pero elegante. La disposición del cabello, recogido bajo un turbante o tocado similar, denota un cierto refinamiento y posiblemente alude a su posición social. A ambos lados de la figura, inscripciones en letras góticas ornamentadas se integran en el fondo negro esmaltado. Estas inscripciones, aunque difíciles de leer completamente sin una mayor resolución, parecen formar parte del nombre del retratado. La técnica empleada, con el uso del dorado y el esmalte, revela un interés por la opulencia y el lujo, características propias del gusto artístico de la época. El formato circular, inusual para un retrato de este tipo, podría indicar su función como parte de una obra más extensa, posiblemente un díptico destinado a un contexto religioso. La pequeña escala de la pieza (6.8 cm de diámetro) sugiere que fue concebida para ser contemplada en proximidad, invitando a una observación detallada y personal. Más allá de la representación literal del individuo, el retrato transmite una sensación de dignidad y introspección. La mirada directa del retratado establece una conexión íntima con el espectador, sugiriendo una invitación a conocerlo más allá de su apariencia física. La elección de un fondo oscuro contrasta con el brillo dorado del rostro, enfatizando la importancia de la figura representada y creando una atmósfera de solemnidad. El hecho de que se tratara de una pieza destinada a un lugar de culto podría implicar una intención de elevar al retratado a una categoría superior, quizás como ejemplo de virtud o devoción. En definitiva, el retrato es un testimonio de la habilidad técnica del artista y una ventana a la mentalidad y los valores de su tiempo.
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Fouquet, Jean -- Self-portrait of Fouquet (1450), copper, blue enamel and gold. Only remaining piece of a diptych ordered for the church of Notre-Dame in Melun by Etienne Chevalier, secretary and counsellor to French king Charles VII. Diameter 6.8 cm-OA 56 — Part 5 Louvre
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El hombre viste una túnica oscura con un cuello alto, cuyo diseño es sencillo pero elegante. La disposición del cabello, recogido bajo un turbante o tocado similar, denota un cierto refinamiento y posiblemente alude a su posición social. A ambos lados de la figura, inscripciones en letras góticas ornamentadas se integran en el fondo negro esmaltado. Estas inscripciones, aunque difíciles de leer completamente sin una mayor resolución, parecen formar parte del nombre del retratado.
La técnica empleada, con el uso del dorado y el esmalte, revela un interés por la opulencia y el lujo, características propias del gusto artístico de la época. El formato circular, inusual para un retrato de este tipo, podría indicar su función como parte de una obra más extensa, posiblemente un díptico destinado a un contexto religioso. La pequeña escala de la pieza (6.8 cm de diámetro) sugiere que fue concebida para ser contemplada en proximidad, invitando a una observación detallada y personal.
Más allá de la representación literal del individuo, el retrato transmite una sensación de dignidad y introspección. La mirada directa del retratado establece una conexión íntima con el espectador, sugiriendo una invitación a conocerlo más allá de su apariencia física. La elección de un fondo oscuro contrasta con el brillo dorado del rostro, enfatizando la importancia de la figura representada y creando una atmósfera de solemnidad. El hecho de que se tratara de una pieza destinada a un lugar de culto podría implicar una intención de elevar al retratado a una categoría superior, quizás como ejemplo de virtud o devoción. En definitiva, el retrato es un testimonio de la habilidad técnica del artista y una ventana a la mentalidad y los valores de su tiempo.