Part 5 Louvre – Pupil of Stefan Lochner -- Miracle of the Holy Face (Le Miracle de Saint Voult)
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En el centro del espacio arquitectónico se alza un crucifijo, cuya figura central, Cristo, irradia una serenidad inusual para una representación de la Pasión. La corona de espinas es sutil, casi imperceptible, y su rostro denota más compasión que sufrimiento. La iconografía tradicional del martirio parece atenuada, dando paso a una imagen de redención silenciosa.
En primer plano, un hombre arrodillado, vestido con una túnica carmesí, inclina la cabeza en señal de devoción o súplica. Su postura es sumisa y reverente, enfocando la atención del espectador hacia el crucifijo. A su izquierda, dos figuras adicionales se encuentran sentadas a una mesa cubierta con un tapiz floral. Una de ellas parece observar al hombre arrodillado, mientras que la otra está absorta en lo que podría ser una ceremonia o ritual. La presencia de un cáliz sobre la mesa sugiere una posible referencia eucarística.
El suelo, pavimentado con baldosas irregulares, contribuye a la sensación de profundidad y realismo del espacio. La perspectiva es algo inusual; no se trata de una representación estrictamente realista, sino más bien de una construcción espacial que prioriza la claridad narrativa sobre la fidelidad óptica.
La paleta cromática es dominada por tonos verdes, rojos y dorados, con un uso limitado de colores vivos. El verde, presente en las paredes y el tapiz, evoca solemnidad y quietud. El rojo de la túnica del hombre arrodillado atrae la mirada hacia él, enfatizando su papel central en la escena. El oro, empleado en detalles como la corona de Cristo y los elementos decorativos, simboliza lo divino y la trascendencia.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas de fe, redención y devoción personal. La serenidad del rostro de Cristo sugiere una interpretación más mística de su sacrificio, mientras que la figura arrodillada representa al creyente en busca de consuelo o intercesión divina. La presencia de los dos personajes sentados a la mesa podría interpretarse como testigos de este encuentro espiritual, o quizás como representantes de una comunidad religiosa observando el acto de devoción individual. La atmósfera general invita a la contemplación y a la reflexión sobre la naturaleza de la fe y su impacto en la vida del individuo.