Leonid Solomatkin – In the cellar during Christmas week
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En primer plano, un niño pequeño, vestido con abrigo corto y botas, toca una flauta con aparente concentración. Su figura se destaca por su relativa claridad frente a los personajes que lo rodean, quienes están sumidos en las sombras. A su lado, un anciano de barba blanca, ataviado con ropas sencillas, interpreta una pieza musical en un contrabajo. La presencia del instrumento sugiere una tradición o costumbre arraigada, posiblemente relacionada con la festividad navideña mencionada en el título.
Detrás de ellos, se distinguen otras figuras, parcialmente ocultas por la penumbra. Uno de los hombres porta lo que parece ser un sombrero adornado y otro sostiene un objeto indefinido, quizás un instrumento musical o una decoración. En el fondo, a través de una abertura, se vislumbra una estancia más iluminada donde una persona observa la escena desde detrás de una estantería repleta de objetos. Esta figura actúa como observador externo, creando una sensación de voyeurismo y distancia.
La composición sugiere un contraste entre la alegría representada por el niño y la música, y la melancolía o resignación que emana del anciano y las figuras sombrías. La ubicación en una bodega, un espacio típicamente asociado con almacenamiento y oscuridad, podría simbolizar la represión de la felicidad o la celebración durante una época festiva. La luz tenue, aunque presente, no logra disipar completamente la atmósfera de tristeza y encierro.
El uso del claroscuro es notable; las zonas iluminadas resaltan los rostros y figuras principales, mientras que el resto se funde en la oscuridad, intensificando la sensación de misterio y opresión. La paleta de colores es limitada, dominada por tonos oscuros y terrosos, lo que contribuye a la atmósfera sombría y melancólica del conjunto. La pintura invita a una reflexión sobre la naturaleza de la alegría, el sufrimiento y las tradiciones familiares en un contexto social posiblemente marcado por la adversidad.