Mauritshuis – Marcello Fogolino - Madonna and Child, Enthroned, with Six Saints
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Aquí se observa una composición de marcado carácter devocional, centrada en una figura femenina que preside la escena desde un trono ricamente decorado. La mujer, ataviada con vestimentas azules y rojas, sostiene en su regazo a un niño pequeño, cuya mirada directa establece una conexión inmediata con el espectador. El fondo se abre hacia una arquitectura imaginaria, posiblemente una iglesia o templo, que acentúa la solemnidad del momento.
A los pies del trono, seis figuras masculinas y femeninas, identificables como santos por sus atributos y vestimentas, se disponen en un semicírculo. Cada uno de ellos posee objetos simbólicos: palmas, libros, cálices, o prendas que aluden a su historia individual. La disposición de estos personajes sugiere una jerarquía, con algunos más cercanos a la Virgen y el Niño, indicando quizás mayor importancia dentro del contexto religioso para los que los representan.
El trono en sí mismo es un elemento crucial. Su diseño arquitectónico, con elementos dorados y detalles escultóricos, lo eleva visualmente y refuerza su función de pedestal divino. La presencia de una calavera a sus pies introduce una nota de memento mori, recordatorio de la fugacidad de la vida terrenal frente a la eternidad espiritual que representa la Virgen.
El uso del color es significativo. El azul, asociado con la divinidad y la pureza, domina el atuendo de la Virgen. Los rojos y dorados en el trono y las vestimentas de algunos santos sugieren realeza y poder celestial. La palidez de los rostros de los personajes contribuye a una atmósfera de recogimiento y espiritualidad.
La luz, aunque uniforme, ilumina con mayor intensidad a la Virgen y al Niño, atrayendo la atención hacia ellos como foco central de la obra. El tratamiento de las figuras es realista, pero idealizado; se percibe un esfuerzo por representar la belleza y la dignidad humana en el contexto de lo sagrado.
En términos de subtexto, la pintura parece transmitir una invitación a la contemplación y la devoción. La Virgen, como intercesora entre Dios y los hombres, ofrece consuelo y esperanza. La presencia de los santos sugiere un modelo de virtud y santidad a seguir por los fieles. El conjunto evoca una sensación de paz y trascendencia, invitando al espectador a reflexionar sobre la fe y el destino humano. La calavera, como ya se mencionó, actúa como contrapunto, recordándonos la importancia de la vida espiritual frente a las preocupaciones terrenales.