Mauritshuis – Anthony van Dyck - Portrait of Peeter Stevens (c.1590-1668)
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La iluminación es característica del estilo barroco; se concentra en el rostro y las manos del hombre, dejando el fondo sumido en una penumbra que acentúa su presencia. La luz modela sus facciones, resaltando la textura de la piel y los detalles de su barba bien cuidada. El color predominante es un negro profundo en la vestimenta, que contrasta con la claridad de su rostro y la riqueza dorada del puño.
El hombre viste una capa o abrigo oscuro, cuyo tejido parece tener una caída pesada y elegante. Un elaborado puño bordado con hilo dorado asoma por debajo de la manga, indicando un estatus social elevado. La mano extendida, sosteniendo lo que parece ser un guante, es un elemento clave en la composición; podría interpretarse como un gesto de ofrecimiento o una invitación a acercarse.
En el fondo, se distingue un escudo heráldico colgado sobre una estructura arquitectónica apenas insinuada. Este detalle refuerza la idea de nobleza y pertenencia a una familia con tradición e historia. La inscripción grabada en la estructura detrás del hombre es difícil de leer completamente, pero sugiere una conexión con un lugar o evento específico.
La expresión del retratado es serena, aunque se percibe cierta complejidad en su mirada. No es una sonrisa abierta, sino más bien una leve insinuación que sugiere inteligencia y perspicacia. La pose es relajada, pero a la vez controlada, lo que contribuye a transmitir una imagen de poderío discreto.
En términos subtextuales, el retrato parece querer comunicar no solo la apariencia física del hombre, sino también su posición social, su carácter y sus valores. El uso de símbolos como el escudo heráldico y el puño dorado son indicadores claros de riqueza y linaje. La mirada directa y la pose confiada sugieren una personalidad segura de sí misma y consciente de su importancia. En definitiva, se trata de un retrato que busca inmortalizar a un hombre en su máximo esplendor, proyectando una imagen de dignidad y poder.