Mauritshuis – Unknown - Portrait of Jane Seymour (1509?-1537)
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La modelo está vestida con ropas opulentas: un vestido de color rojo intenso, ricamente adornado con encajes y bordados, se complementa con una camisa blanca de cuello alto, profusamente engalanada con perlas y un colgante esmeralda. Sobre su cabello, que parece recogido bajo un velo negro, descansa una elaborada cofia dorada, también decorada con perlas, que define la forma de su rostro y realza sus facciones. La joyería es abundante: un collar de perlas, anillos en los dedos, uno de ellos particularmente llamativo, sugieren estatus social elevado y riqueza considerable.
Su expresión es serena, casi melancólica. La mirada directa al espectador establece una conexión íntima, aunque la leve sonrisa apenas esbozada sugiere una reserva contenida. La pose, con las manos entrelazadas frente a ella, transmite dignidad y compostura. Se percibe un cierto pudor en la forma en que se presenta, acentuado por el gesto de cubrir parcialmente sus dedos.
Más allá de la representación literal, esta pintura parece transmitir subtextos relacionados con la identidad femenina dentro de una jerarquía social rígida. La ostentación de la riqueza y el cuidado meticuloso del atuendo no son meramente decorativos; funcionan como símbolos de poder y posición. La serenidad en su rostro podría interpretarse como una máscara, un intento de proyectar una imagen de fortaleza y control en un contexto histórico donde las mujeres estaban sujetas a restricciones significativas. La paleta de colores, dominada por el rojo intenso y el blanco inmaculado, evoca tanto la pasión como la pureza, elementos recurrentes en la iconografía femenina de la época. La luz, aunque suave, resalta los detalles del rostro y la joyería, contribuyendo a una atmósfera de solemnidad y refinamiento. En definitiva, se trata de un retrato que busca no solo capturar el parecido físico de la retratada, sino también comunicar su estatus social y proyectar una imagen cuidadosamente construida de nobleza y virtud.