Anselm Kiefer – Nigredo, 1984 (290 Kb) Oil, acrylic, emulsion, shell
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Aquí se presenta una composición de formato horizontal que evoca un paisaje desolado y fragmentado. La paleta cromática domina en tonos terrosos: ocres, marrones, grises y negros, con destellos ocasionales de blanco y tonalidades pálidas que sugieren una luz tenue o incluso la ausencia de ella. La superficie parece densa, texturizada; se intuye el uso de múltiples medios como óleo, acrílico y emulsión, posiblemente complementados por fragmentos de concha, lo cual añade una dimensión táctil a la obra.
El plano frontal está ocupado por una extensión irregular que podría interpretarse como un campo o terreno baldío. Las líneas predominantes son diagonales y quebradas, generando una sensación de inestabilidad y disrupción. No hay una perspectiva lineal clara; el espacio se aplana y se desestructura, impidiendo la creación de una profundidad tradicional. En la parte superior del cuadro, se vislumbra una línea difusa que podría representar un horizonte o una barrera natural, aunque esta también está fragmentada y desdibujada.
La inscripción Nigredo en la esquina superior izquierda introduce un elemento conceptual significativo. En alquimia, el nigredo alude a la etapa de descomposición y putrefacción necesaria para la transformación espiritual. Esta referencia sugiere que la pintura no es simplemente una representación visual de un paisaje, sino una alegoría sobre la decadencia, la destrucción y el proceso de cambio.
El uso de texturas gruesas y la aplicación aparentemente aleatoria del pigmento refuerzan esta idea de desintegración. Los fragmentos incrustados en la superficie podrían simbolizar restos de algo que fue destruido o transformado. La ausencia casi total de figuras humanas o elementos reconocibles acentúa la sensación de abandono y soledad.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas como la pérdida, el tiempo, la memoria y la fragilidad de la existencia. La fragmentación visual podría interpretarse como una metáfora de la experiencia humana, marcada por la ruptura, la incertidumbre y la búsqueda de significado en medio del caos. La paleta oscura y la atmósfera opresiva contribuyen a un estado de ánimo melancólico y contemplativo, invitando al espectador a reflexionar sobre los ciclos de destrucción y renovación que caracterizan tanto el mundo natural como la condición humana. La obra no ofrece respuestas fáciles; más bien, plantea preguntas sobre la naturaleza del cambio y la posibilidad de encontrar esperanza en medio de la desolación.