Evaristo Baschenis – baschenis1
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En esta composición, se observa una acumulación de objetos sobre una mesa oscura y ricamente iluminada. La disposición es densa, casi abrumadora, sugiriendo un espacio íntimo y personal, posiblemente un estudio o biblioteca. El esquema cromático domina en tonos terrosos: ocres, marrones y dorados que contribuyen a una atmósfera de solemnidad y antigüedad.
La mesa está cubierta por una tela ornamentada, cuyo patrón se difumina en la penumbra, creando una sensación de profundidad y misterio. Sobre ella, un conjunto heterogéneo de elementos atrae la atención: libros apilados, instrumentos científicos como un globo terráqueo y un astrolabio, un cráneo humano, frutas (una manzana destaca por su brillo), un reloj de arena, y una pila de papeles con escritura visible.
El cráneo, situado en posición vertical sobre los libros, es un memento mori, un recordatorio constante de la fugacidad de la vida y la inevitabilidad de la muerte. Su presencia introduce una dimensión melancólica y reflexiva a la escena. El globo terráqueo, con su representación cartográfica del mundo conocido, alude al conocimiento geográfico y a la exploración. El astrolabio, instrumento utilizado para medir ángulos en astronomía y navegación, simboliza el estudio de los cielos y la búsqueda de respuestas sobre el universo.
La fruta, especialmente la manzana, puede interpretarse como un símbolo de tentación o conocimiento prohibido, haciendo referencia al episodio bíblico del Jardín del Edén. El reloj de arena, con su arena fluyendo inexorablemente, refuerza la idea del paso del tiempo y la transitoriedad de la existencia. Los papeles dispersos sugieren trabajo intelectual, estudio y quizás también una cierta desorganización o caos inherente al proceso creativo.
La luz, dirigida desde un punto fuera del campo visual, resalta selectivamente ciertos objetos, creando contrastes dramáticos y acentuando su importancia simbólica. Esta iluminación focalizada contribuye a la atmósfera de introspección y contemplación que impregna la pintura. En conjunto, la obra parece invitar a una meditación sobre el conocimiento, la mortalidad, el tiempo y los límites de la comprensión humana. La acumulación de objetos sugiere un universo de ideas y experiencias, mientras que la presencia del memento mori nos recuerda la fragilidad de todo aquello que construimos.