Alexandre Francois Desportes – Nature morte aux chiens de chasse
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El perro situado a la izquierda se presenta en posición atenta, su mirada dirigida hacia arriba, como si rastreara algún movimiento o sonido en la espesura. Su postura sugiere vigilancia y preparación para la acción. El segundo perro, a la derecha, se encuentra parcialmente extendido, con una de sus patas levantada, lo que implica un estado de alerta o incluso de anticipación al siguiente paso. La boca ligeramente entreabierta podría interpretarse como un signo de excitación o expectativa.
En el primer plano, sobre el suelo, yacen varias aves, presumiblemente perdices y faisanes, con su plumaje parcialmente removido. Su disposición sugiere una reciente cacería, aunque la ausencia de figuras humanas introduce una cierta ambigüedad en la narrativa. No se aprecia al cazador; los perros parecen ser los protagonistas absolutos de este momento.
La paleta cromática es dominada por tonos terrosos y ocres, que refuerzan la atmósfera naturalista y agregan profundidad a la composición. El fondo oscuro, casi negro, concentra la atención en las figuras principales, creando un contraste dramático que acentúa su volumen y realza los detalles de sus pelajes.
Más allá de una simple representación de perros de caza y aves, esta pintura parece explorar temas relacionados con la naturaleza, la domesticación y el instinto. La presencia de los perros sugiere una relación simbiótica entre el hombre y la bestia, donde estos animales son herramientas útiles para la obtención de alimento o recreo. Sin embargo, la ausencia del cazador podría interpretarse como una reflexión sobre la soledad inherente a la actividad humana en la naturaleza, o incluso como una crítica implícita a la intervención del hombre en el mundo natural. La quietud y la concentración de los perros sugieren un respeto por su oficio, una dedicación silenciosa al servicio de un propósito que permanece fuera de la escena representada. El conjunto evoca una sensación de calma tensa, donde la belleza de la naturaleza coexiste con la inevitabilidad de la muerte.