Alexandre Francois Desportes – Still Life with Dead Hare and Fruit
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En primer plano, destaca la presencia de un conejo muerto, situado en el centro de la composición. Su postura rígida y la ausencia de vitalidad sugieren la transitoriedad de la vida y la inevitabilidad de la muerte. A su alrededor, se acumulan aves disecadas, también inertes, que refuerzan esta temática melancólica.
La cesta de frutas, repleta de melones, uvas, peras y otras variedades, contrasta con la frialdad de los animales muertos. La fruta, en su plenitud y colorida vitalidad, simboliza la riqueza y el placer sensorial. Sin embargo, la proximidad a la muerte, representada por el conejo y las aves, introduce una nota de fragilidad e impermanencia incluso en lo que parece más exuberante.
Un fusil, apoyado contra un árbol imponente que domina la escena, es un elemento clave. No solo indica la causa de la muerte de los animales, sino que también alude a la intervención humana en el orden natural. El arma, con su presencia amenazante, sugiere una relación ambivalente entre el hombre y la naturaleza: dominio versus dependencia.
En el fondo, se vislumbra un paisaje rural, difuminado y distante. La luz tenue que lo ilumina crea una atmósfera de misterio y lejanía, contrastando con la nitidez de los objetos en primer plano. Un perro, posicionado a la derecha, observa la escena con aparente resignación; su mirada parece reflejar la aceptación de un ciclo natural donde la vida y la muerte coexisten.
La pintura evoca una reflexión sobre la fugacidad del tiempo, la vanidad de las posesiones materiales y la relación entre el hombre y el mundo que lo rodea. La yuxtaposición de elementos aparentemente opuestos –la abundancia y la decadencia, la vida y la muerte– genera una atmósfera de melancolía y contemplación, invitando al espectador a considerar la naturaleza efímera de la existencia. El conjunto transmite un mensaje sobre la fragilidad de la belleza y la inevitabilidad del declive, incluso en el aparente esplendor de la naturaleza.