Camille Pissarro – View of Rouen. (1883)
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El río, o estuario, ocupa una parte considerable del espacio pictórico, reflejando los cielos cambiantes y las luces difusas. Su superficie no está representada con detalle preciso, sino más bien como un espejo vibrante que capta la luz y el color circundantes. La textura de la pintura en esta área es particularmente densa, construida a partir de pinceladas rápidas e impastadas que sugieren movimiento y una inestabilidad inherente al agua.
En primer plano, una franja de tierra verde se extiende a lo largo del borde izquierdo, salpicada por un grupo de árboles con follaje otoñal, donde predominan los tonos ocres y dorados. Un camino serpentea a través de esta zona, invitando a la mirada hacia el horizonte. La vegetación, aunque presente, no es el foco principal; su función parece ser más bien la de enmarcar la escena y dirigir la atención del espectador hacia la ciudad lejana.
La ciudad, situada al fondo, se presenta como una acumulación de edificios y chimeneas que se elevan sobre la línea del horizonte. Las estructuras son apenas distinguibles, desdibujadas por la distancia y la atmósfera brumosa. Se intuyen algunas torres y campanarios, pero su forma precisa es difícil de discernir. La luz parece filtrarse a través de una capa densa de niebla o vapor, creando un efecto de lejanía y misterio.
La paleta cromática se caracteriza por tonos suaves y apagados: azules grises en el cielo, verdes terrosos en la vegetación, ocres y dorados en los árboles, y reflejos plateados en el agua. El uso del color no busca representar la realidad de manera literal, sino más bien evocar una impresión sensorial, una atmósfera particular.
Subyacentemente, esta pintura parece explorar la relación entre la naturaleza y la civilización, lo efímero y lo permanente. La ciudad, aunque presente, se ve despojada de su monumentalidad, reducida a una masa informe que se funde con el paisaje circundante. La atmósfera brumosa sugiere una sensación de transitoriedad, de cambio constante. El río, como elemento central, simboliza la conexión entre la tierra y el cielo, lo tangible y lo intangible. La obra invita a la contemplación silenciosa, a la reflexión sobre la fugacidad del tiempo y la belleza sutil del mundo que nos rodea.