Camille Pissarro – Shepherdess and Sheep. (1887)
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
La pastora, vestida con ropas sencillas de tonos azules y grises, apoya su cuerpo contra el tronco de un árbol, sosteniendo un báculo que parece más una extensión de sí misma que una herramienta activa. Su mirada se dirige hacia la lejanía, sugiriendo una reflexión o contemplación del entorno. La postura es ligeramente encorvada, transmitiendo una sensación de quietud y quizás, cierta melancolía.
El rebaño de ovejas ocupa gran parte del primer plano, presentado en un conjunto compacto que se extiende por la extensión herbosa. Los animales están representados con pinceladas rápidas y expresivas, capturando su textura lanuda y sus movimientos sutiles. La luz incide sobre ellos, creando contrastes de claroscuro que realzan su volumen y les confieren una presencia tangible.
El paisaje se abre en un horizonte amplio y despejado. Se distingue un campo dorado, salpicado de vegetación más oscura, que se extiende hasta perderse en la distancia. El cielo, cubierto por nubes blancas y esponjosas, aporta luminosidad a la escena y contribuye a crear una atmósfera serena y bucólica.
La paleta cromática es predominantemente cálida, con tonos ocres, amarillos y verdes que evocan la luz del sol sobre la hierba seca. Los azules de la vestimenta de la pastora contrastan sutilmente con el resto de los colores, atrayendo la atención hacia su figura.
Más allá de una simple representación de la vida rural, esta pintura parece sugerir una reflexión sobre la soledad y la conexión con la naturaleza. La postura de la pastora, su mirada perdida en la lejanía, invitan a la introspección y a la contemplación del paso del tiempo. El rebaño, símbolo de abundancia y prosperidad, se presenta como un elemento constante en el paisaje, una presencia silenciosa que acompaña la vida de la joven. La escena evoca una sensación de paz y armonía, pero también de cierta melancolía inherente a la contemplación de la fugacidad del tiempo y la belleza efímera de la naturaleza. El árbol al que se apoya la pastora podría interpretarse como un símbolo de arraigo, de conexión con el lugar y con las tradiciones ancestrales.