Camille Pissarro – Boulevard des Batignolles. (1878-79)
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El autor ha dispuesto figuras humanas dispersas a lo largo del bulevar: paseantes con sombreros, un hombre corriendo en primer plano, una pareja montada en un carruaje tirado por caballos. Estas figuras no son representadas con detalles precisos; más bien, se integran en la textura general de la escena, perdiéndose parcialmente en el ambiente difuso. La pincelada es suelta y rápida, casi impresionista, capturando la vibración del aire y la fugacidad del momento.
La arquitectura circundante, aunque presente, está desdibujada; los edificios se reducen a manchas de color que definen vagamente los límites del bulevar. Se intuyen árboles desnudos a lo largo de la calle, acentuando la sensación de frialdad y desolación.
Más allá de una simple representación de un paisaje urbano, esta pintura parece explorar temas de soledad y anonimato en la vida moderna. La multitud es impersonal; los individuos se mueven independientemente unos de otros, sin interacción visible. La atmósfera brumosa no solo crea una sensación visual de distancia, sino que también simboliza la alienación del individuo frente a la inmensidad de la ciudad. El bulevar, en sí mismo, representa un espacio público, pero aquí se presenta como un lugar donde las conexiones humanas son superficiales y efímeras. La paleta de colores apagados refuerza esta impresión de tristeza y aislamiento, invitando a una reflexión sobre la condición humana en el contexto del desarrollo urbano.