Konstantin Andreevich Somov – Harlequin and death
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A su lado, emerge una figura esquelética, personificación de la muerte, envuelta en una capa oscura adornada con gotas que sugieren lágrimas o quizás el flujo del tiempo. La presencia de la Muerte no se presenta como amenazante en sí misma; más bien, irrumpe en la escena con una quietud casi contemplativa, observando al arlequín.
En un plano más distante, a través de los árboles y bajo la luz tenue de la noche estrellada, se vislumbran figuras humanas vestidas de blanco, aparentemente ajenas o indiferentes a la interacción que tiene lugar en primer término. Su presencia sugiere una sociedad despreocupada, absorta en su propia existencia mientras el destino acecha.
La paleta cromática es notable: los colores vibrantes del arlequín contrastan con la oscuridad de la capa de la Muerte y el fondo nocturno salpicado de estrellas. Esta yuxtaposición refuerza la tensión entre la vida, representada por el arlequín, y la inevitabilidad de la muerte.
El subtexto de esta obra parece explorar la fragilidad de la existencia humana frente a la mortalidad. El arlequín, símbolo del entretenimiento y la alegría efímera, se enfrenta a la Muerte sin temor aparente, quizás consciente de su propia transitoriedad. La indiferencia de las figuras en segundo plano podría interpretarse como una crítica a la superficialidad social y la incapacidad para reconocer la realidad ineludible de la muerte. La escena evoca una reflexión sobre el tiempo, la vida, la alegría y la aceptación del destino final.