Richard Dadd – #11328
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
Aquí se observa una composición de marcado simbolismo, donde un anciano figura como elemento central. Su rostro, marcado por la edad y la melancolía, descansa sobre sus manos mientras se apoya en un volumen encuadernado con intrincados diseños geométricos. La paleta cromática es predominantemente terrosa, dominada por tonos ocres y marrones que sugieren una atmósfera de reflexión y decadencia.
El anciano está rodeado de objetos cargados de significado: un reloj de arena, un cráneo humano y, en la parte superior del encuadre, una cruz con Cristo crucificado. El reloj de arena alude a la fugacidad del tiempo y la inevitabilidad de la muerte, mientras que el cráneo es un memento mori, recordatorio constante de la mortalidad humana. La presencia de la crucifixión introduce una dimensión espiritual trascendente, sugiriendo una conexión entre el conocimiento terrenal representado por el anciano y el sacrificio divino.
El autor ha dispuesto al personaje en una posición de reposo, casi de abatimiento, como si estuviera contemplando los símbolos que lo rodean con profunda tristeza o resignación. La luz tenue que ilumina la escena acentúa las sombras sobre su rostro, intensificando la sensación de introspección y melancolía.
La composición sugiere una reflexión sobre el conocimiento, la mortalidad y la fe. El anciano podría interpretarse como un símbolo del sabio, del erudito o incluso del alquimista, que busca comprender los misterios del universo pero se enfrenta a la realidad de su propia finitud. La yuxtaposición de elementos profanos (el reloj de arena, el cráneo) y sagrados (la cruz) plantea interrogantes sobre la relación entre la razón humana y la divinidad, entre el conocimiento terrenal y la fe trascendental. En definitiva, se trata de una pintura que invita a la contemplación profunda sobre los grandes temas de la existencia.