Count Johann Georg Otto Von Rosen – Erik XIV, King of Sweden
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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La mujer, sentada sobre un banco cubierto de pieles, irradia una quietud forzada. Su rostro, pálido y ligeramente inclinado, sugiere una mezcla de resignación y angustia. La luz incide sobre su figura, acentuando la blancura de sus ropas y contrastándola con las tonalidades oscuras del entorno. Sus manos, entrelazadas en su regazo, denotan una actitud defensiva o de sumisión.
El hombre a sus pies se encuentra postrado, vestido con un manto carmesí que contrasta con el tono apagado de su piel. Su mirada es baja, dirigida hacia un documento que sostiene entre sus dedos. La postura encorvada y la expresión abatida sugieren una derrota o una humillación pública. El gesto de sujetar el papel podría interpretarse como una defensa desesperada, una súplica o quizás una aceptación del destino.
El individuo con hábitos religiosos se presenta como un observador activo, casi un juez silencioso. Su rostro, marcado por la edad y la severidad, refleja una expresión ambigua: ¿compasión? ¿juicio? La mano extendida, sosteniendo lo que parece ser un objeto afilado, añade una capa de inquietud a su presencia. El hábito, oscuro y sobrio, enfatiza su rol como mediador entre el poder terrenal y la autoridad divina.
El espacio en sí mismo contribuye a la atmósfera opresiva de la escena. Las paredes oscuras, los muebles pesados y la escasa iluminación crean una sensación de encierro y claustrofobia. Una ventana lateral permite la entrada de una luz tenue que ilumina parcialmente el interior, pero no logra disipar la oscuridad reinante. Sobre la chimenea se aprecia un cuadro con una escena marítima, posiblemente alusiva a conflictos o viajes, que añade una dimensión simbólica a la composición.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas como el poder, la justicia, la culpa y la redención. La relación entre los personajes sugiere una dinámica de dominación y sumisión, donde la mujer representa la inocencia o la vulnerabilidad, el hombre encarna la caída en desgracia y el individuo religioso personifica la autoridad moral o religiosa. El objeto que sostiene este último podría simbolizar tanto la justicia como la venganza, dejando al espectador con una sensación de incertidumbre sobre su verdadera intención. La escena evoca un momento crucial en la vida del protagonista, posiblemente marcado por una traición, una condena o una pérdida irreparable.