Francois Boucher – Summer, from a series of the Four Seasons
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En el ámbito superior, tres figuras aladas, presumiblemente querubines, flotan sobre un manto rosado que ondea con la brisa. Uno de ellos sostiene una serpiente enrollada, símbolo tradicionalmente asociado a Apolo, dios griego del sol y las artes. La expresión en sus rostros es de despreocupación y alegría, sugiriendo la ligereza y el júbilo propios del verano.
El plano inferior presenta un paisaje agreste, con una profusión de vegetación oscura que se extiende hasta perderse en la penumbra. Sobre este lecho vegetal, otros tres querubines descansan sobre lo que parece ser una cosecha recién segada o una pila de ramas y hojas. Uno de ellos sostiene una guirnalda floral, un elemento recurrente en las representaciones festivas y bucólicas.
La paleta cromática es rica y contrastante: los tonos cálidos del cielo y el manto rosado se contraponen a la oscuridad terrosa del paisaje. La luz, difusa y suave, contribuye a crear una atmósfera de ensueño y sensualidad.
Más allá de la representación literal del verano, la pintura parece aludir a temas como la fertilidad, la abundancia y el placer sensorial. El uso de querubines, figuras asociadas con la inocencia y la divinidad, sugiere una visión idealizada de la estación, desprovista de las preocupaciones terrenales. La serpiente, aunque tradicionalmente un símbolo negativo, en este contexto podría interpretarse como una representación del poder vital y la energía creativa que caracterizan al verano. En definitiva, el artista ha plasmado una imagen que trasciende la mera descripción de la naturaleza para explorar conceptos más profundos relacionados con la vida, la belleza y el goce.