Angel Planells – #03382
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A la izquierda, destaca un retrato de rostro femenino, insertado en una estructura rectangular que recuerda a una placa conmemorativa o un cartel publicitario. El rostro, aunque reconocible, se ve distorsionado y fragmentado, como si estuviera descompuesto en múltiples perspectivas simultáneas. Una serie de objetos –un violín, lo que parecen hojas secas– emergen desde la base del retrato, extendiéndose sobre el terreno como raíces o tentáculos. Esta imagen sugiere una reflexión sobre la identidad, la memoria y la pérdida, donde el individuo se ve despojado de su integridad para ser reconstruido a través de fragmentos.
En el centro, un hombre ataviado con indumentaria que evoca al siglo XVIII –un frac y pantalones bombachos– se presenta con una postura rígida y formal. Sostiene un paraguas, elemento incongruente en este contexto costero, lo que acentúa su carácter anacrónico y posiblemente alegórico. Su figura se encuentra inserta entre los acantilados y la estructura arquitectónica a la derecha, como si fuera un guardián o un testigo de esta escena surrealista.
A la derecha, una construcción arquitectónica, con reminiscencias de una vivienda tradicional mediterránea, se abre como una caja de sorpresas. En su interior, se observan muebles antiguos –una mesa cubierta con un mantel blanco, sillas– y objetos cotidianos –un cesto de mimbre, un jarrón con flores– que sugieren una vida doméstica detenida en el tiempo. Una inscripción ilegible se encuentra sobre una placa adosada a la estructura, añadiendo un elemento de misterio e incomprensión.
La paleta cromática es dominada por tonos azules, ocres y amarillos, creando una atmósfera melancólica y nostálgica. La luz, difusa y uniforme, contribuye a la sensación de irrealidad y atemporalidad que impregna toda la composición.
En general, esta pintura parece explorar temas como el paso del tiempo, la memoria colectiva, la identidad fragmentada y la relación entre el individuo y su entorno. El autor utiliza un lenguaje simbólico ambiguo y evocador para invitar al espectador a una reflexión personal sobre estos conceptos universales. La yuxtaposición de elementos dispares y la ruptura con las convenciones narrativas tradicionales sugieren una crítica implícita a la racionalidad y a la búsqueda de certezas, abriendo un espacio para la interpretación subjetiva y la exploración del inconsciente.