Gerrit Dou – 34153
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
Aquí se observa una escena de marcada introspección y recogimiento. El autor ha dispuesto la composición en un espacio arquitectónico delimitado por arcos abovedados, que sugieren una celda o un lugar de oración. La luz, tenue y focalizada, incide sobre la figura central: un anciano vestido con hábitos monásticos, probablemente un fraile o eremita.
La iluminación es crucial para comprender el significado de la obra. El claroscuro, intenso y contrastado, modela el rostro del hombre, resaltando las arrugas profundas que testimonian una vida marcada por la experiencia y la reflexión. La luz parece emanar de un punto fuera del campo visual, creando una atmósfera de misterio y solemnidad.
El anciano está inclinado sobre un libro abierto, con las manos juntas como si estuviera rezando o meditando. Su expresión es compleja: se percibe una mezcla de serenidad, melancolía y quizás incluso una ligera sonrisa que denota aceptación ante la fragilidad de la existencia. Las cuentas del rosario entre sus dedos refuerzan esta idea de devoción y contemplación espiritual.
En el fondo, sobre una mesa cubierta con un paño blanco, se disponen varios objetos simbólicos: un cráneo, una vela apagándose y una cruz. Estos elementos aluden a la vanidad de los bienes terrenales, la fugacidad de la vida y la redención a través del sacrificio de Cristo. El cráneo, en particular, es un memento mori, un recordatorio constante de la muerte que aguarda a todos.
La presencia de una rama de árbol que se introduce desde el margen izquierdo de la composición añade otra capa de significado. Podría interpretarse como un símbolo de fortaleza y resistencia ante las adversidades, o bien como una referencia al árbol de la vida y a la conexión entre lo terrenal y lo divino.
En general, la pintura transmite una profunda reflexión sobre la condición humana, la fe, el paso del tiempo y la inevitabilidad de la muerte. El autor ha logrado crear una atmósfera íntima y contemplativa que invita al espectador a compartir la experiencia espiritual del personaje representado. La técnica pictórica, con su dominio del claroscuro y su atención al detalle en la representación de las texturas (el tejido del hábito, el cuero del libro, la madera del árbol), contribuye a la verosimilitud y a la carga emocional de la obra.