Gerrit Dou – dou10
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Aquí se observa una escena de íntima quietud dentro de un espacio arquitectónico circular, posiblemente una torre o una cámara abovedada. La luz, intensa y focalizada, irrumpe por una ventana en el extremo izquierdo, iluminando a un hombre sentado en un sillón con respaldo curvo. El resto del ambiente se sume en la penumbra, acentuando el contraste lumínico y dirigiendo la atención hacia la figura central.
El hombre, vestido con ropas de época que sugieren una posición social acomodada – un abrigo oscuro, calzas y botas –, descansa recostado en el sillón, con los ojos cerrados y la cabeza ligeramente inclinada. Un libro abierto reposa sobre sus rodillas, junto a unos lentes o anteojos, indicando una actividad intelectual interrumpida por el descanso. La postura relajada, casi adormecida, transmite una sensación de abandono y contemplación.
El mobiliario que rodea al personaje contribuye a la atmósfera introspectiva. Un atril con un libro abierto se encuentra cerca, junto a una mesa cubierta con tela oscura donde se vislumbran objetos indefinidos. Una lámpara colgante, aunque apagada, sugiere una fuente de luz artificial que ahora permanece inactiva. A los pies del sillón, un instrumento musical – posiblemente un violín o un laúd – y otros objetos pequeños sugieren pasatiempos y aficiones personales. Un barril se apoya contra la pared, añadiendo un elemento de domesticidad a la escena.
La composición es notable por su uso de la luz y la sombra, una técnica que enfatiza el dramatismo y la profundidad del espacio. La ventana actúa como un foco principal, revelando detalles cruciales mientras oculta otros en la oscuridad. Esta estrategia lumínica no solo crea una atmósfera misteriosa sino que también invita a la reflexión sobre la naturaleza efímera de la vigilia y el sueño, la actividad intelectual y el descanso.
Subtextualmente, la pintura podría interpretarse como una alegoría del otium, el tiempo libre dedicado al estudio, la contemplación y el placer personal, en contraposición al negotium, la vida activa dedicada a los negocios y las responsabilidades. La figura del hombre representa quizás un individuo que ha alcanzado un punto de equilibrio entre ambas esferas, disfrutando de un momento de pausa y reflexión antes de retomar sus actividades. La atmósfera general evoca una sensación de melancolía y quietud, invitando al espectador a compartir la introspección del personaje retratado. La ausencia de figuras humanas adicionales refuerza esta sensación de soledad y aislamiento, intensificando el carácter contemplativo de la escena.