Part 4 – Roelant Savery (1576-1639) - Paradise
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El primer plano está dominado por una multitud de animales, representados con meticuloso detalle en sus texturas y pelajes. Se distinguen herbívoros como ciervos, caballos y ganado, junto a criaturas más exóticas y salvajes: leones, tigres, aves de plumaje vibrante y una variedad de pequeños mamíferos que se agolpan entre la vegetación. La disposición no parece obedecer a una lógica espacial precisa; los animales coexisten en aparente armonía, sugiriendo un estado primordial de inocencia y abundancia.
En el segundo plano, la densa arboleda se abre para revelar una fuente o manantial que emana agua cristalina. Alrededor de ella, dos figuras femeninas, de apariencia angelical, parecen observar la escena con serenidad. Su presencia introduce un elemento humano en este edén terrenal, aunque su rol permanece ambiguo: ¿son guardianas del lugar? ¿Representaciones de la gracia divina?
La vegetación es igualmente rica y variada. Se identifican árboles frutales cargados de frutos maduros, plantas exóticas con hojas inusuales y una miríada de flores que aportan color y vitalidad al conjunto. La atención al detalle en la representación de la flora sugiere un interés por el estudio científico de la naturaleza, propio del período en que se realizó esta obra.
El cielo, aunque parcialmente cubierto por la arboleda, permite vislumbrar una atmósfera luminosa y despejada. El vuelo de las aves contribuye a la sensación de libertad y movimiento que impregna la escena.
Subtextualmente, la pintura parece evocar un idealizado paraíso perdido, un lugar de armonía entre el hombre y la naturaleza, donde la violencia y la escasez no existen. La presencia de los animales salvajes conviviendo pacíficamente con las figuras humanas sugiere una relación primordial, anterior al pecado original que, según la tradición cristiana, separó a la humanidad de Dios. La fuente o manantial podría simbolizar la pureza y el origen de la vida, mientras que las figuras femeninas podrían representar la esperanza de redención o la promesa de un futuro mejor. La meticulosidad en la representación de los detalles naturales sugiere una valoración del mundo terrenal como reflejo de la divinidad, invitando a la contemplación y al respeto por la creación.