Padovanino – The Andrii (copy from Titian)
Ubicación: Academy Carrara (Accademia Carrara), Bergamo.
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La disposición de las figuras es dinámica; se agolpan unas con otras en poses variadas, sugiriendo movimiento y actividad. A la izquierda, un hombre desnudo vierte líquido de una ánfora, mientras otro lo observa con atención. En el centro, un grupo más numerado parece participar en algún tipo de festín o ritual. Un hombre vestido con túnica dorada sostiene un recipiente, posiblemente vino, y es rodeado por otros personajes que interactúan entre sí. Una mujer, vestida con una prenda azul, se encuentra en primer plano, observando la escena con una expresión difícil de interpretar; parece a la vez interesada y distante.
En el extremo inferior derecho, una figura femenina yacente, cubierta parcialmente por un manto blanco, atrae la atención. Su posición sugiere vulnerabilidad o incluso derrota, contrastando con la vitalidad y energía que emanan del resto del grupo. La presencia de un ave, posiblemente un pavo real, posado sobre una rama en el fondo, añade un elemento simbólico; podría aludir a la vanidad, la belleza o la divinidad.
El uso de la luz es fundamental para crear atmósfera y dirigir la mirada del espectador. Los cuerpos están modelados con gran detalle, resaltando su musculatura y sensualidad. La paleta cromática se caracteriza por tonos cálidos – dorados, ocres, rojos – que contribuyen a una sensación de opulencia y alegría festiva. Sin embargo, la presencia de zonas oscuras en el borde izquierdo introduce un elemento de misterio e incertidumbre.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas relacionados con el placer, la decadencia y la transitoriedad de la belleza. La yuxtaposición de figuras activas y una figura prostrada sugiere una reflexión sobre la fragilidad humana frente a los excesos del deseo. El entorno natural, aunque exuberante, no ofrece refugio; más bien, parece ser un escenario para el desarrollo de pasiones desenfrenadas. La escena evoca una atmósfera de languidez y sensualidad, pero también insinúa una sombra de melancolía o presagio. La composición invita a la contemplación sobre la naturaleza efímera del goce y las consecuencias que pueden derivarse de él.