Jan Davidsz De Heem – Still Life With Fruit Flowers Glasses And Lobster
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En primer plano, destaca la presencia imponente de un langostino rojo, su color vibrante contrastando con los tonos más apagados del resto de la composición. Su posición central le otorga una importancia simbólica, evocando tanto el lujo como la fugacidad de la vida. Junto a él, se amontonan frutas variadas: uvas, naranjas, limones y posiblemente granadas, todas ellas representadas con un realismo meticuloso que enfatiza su textura y brillo. La disposición no es aleatoria; parece buscar una armonía visual entre las formas redondeadas de la fruta y la silueta angulosa del crustáceo.
Un jarrón oscuro, parcialmente visible a la izquierda, alberga una profusión de flores, principalmente rosas y peonías, que añaden un toque de fragilidad y belleza efímera al conjunto. La presencia de espigas de trigo dispersas sobre la mesa introduce un elemento de rusticidad y abundancia agrícola, contrastando con el lujo representado por el langostino y las frutas exóticas.
En el fondo, se vislumbra una estructura metálica que podría interpretarse como parte de un servicio o utensilio, aunque su función específica permanece ambigua. La iluminación es dramática, con fuertes contrastes entre luces y sombras que acentúan la tridimensionalidad de los objetos y contribuyen a crear una atmósfera de misterio y solemnidad.
Más allá de la mera representación de objetos cotidianos, esta pintura parece sugerir reflexiones sobre la transitoriedad de la belleza, el paso del tiempo y la inevitabilidad de la decadencia. La combinación de elementos perecederos (frutas, flores) con un símbolo de lujo efímero (el langostino) invita a una meditación sobre la vanidad de las posesiones materiales y la fragilidad de la existencia humana. La oscuridad que envuelve la escena refuerza esta sensación de melancolía y reflexión profunda. La meticulosa atención al detalle, el realismo en la representación de las texturas y la composición equilibrada sugieren una intención deliberada por parte del artista: no solo mostrar un conjunto de objetos, sino también transmitir un mensaje sutil sobre la condición humana.