Jan Davidsz De Heem – Flower Still Life with a Bowl of Fruit and Oysters
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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Aquí se observa una composición de bodegón que despliega una opulencia de elementos naturales sobre una superficie oscura y neutra. El conjunto está dominado por un abundante ramo floral, cuya exuberancia contrasta con la sobriedad del fondo. Las flores, en una paleta vibrante de rojos, blancos, amarillos y rosas, se agrupan densamente, creando una sensación de abundancia casi desbordada. Se distinguen tulipanes, claveles, pompones y otras especies, cada una representada con un meticuloso detalle que revela la maestría del artista en la captura de texturas y formas.
En primer plano, sobre el mismo plano que las flores, se presenta una colección de frutas y mariscos. Uvas, melocotones, mandarinas y limones se disponen alrededor de una pequeña vajilla azul y blanca, mientras que conchas de ostra, algunas abiertas para revelar su interior nacarado, añaden un elemento de sensualidad y decadencia a la escena. La presencia de los ostras, en particular, introduce una connotación de lujo y efímera belleza, aludiendo a la fugacidad del placer y la vida misma.
El uso magistral de la luz es fundamental para el efecto general de la obra. Una iluminación intensa ilumina las flores y las frutas, resaltando sus colores y texturas, mientras que el fondo permanece sumido en una penumbra profunda. Esta técnica crea un fuerte contraste entre los objetos iluminados y el espacio circundante, intensificando su impacto visual y otorgándoles una cualidad casi tridimensional.
Más allá de la mera representación de elementos naturales, esta composición parece sugerir una reflexión sobre la transitoriedad de la belleza y la inevitabilidad del declive. La combinación de flores frescas y frutas maduras con los mariscos, símbolos de un placer efímero, evoca la idea de vanitas, un tema recurrente en el arte barroco que invita a la contemplación de la mortalidad y la fugacidad de las posesiones terrenales. La presencia de una mariposa, posada sobre una hoja, refuerza esta interpretación, simbolizando la fragilidad de la vida y su transformación constante. El bodegón no es simplemente un estudio de naturaleza muerta; se convierte en una meditación silenciosa sobre el paso del tiempo y la impermanencia de todas las cosas.