Château de Versailles – Jacques Berto -- Prise du palais des Tuileries, 10 août 1792
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El autor ha empleado un tratamiento lumínico contrastado para acentuar la intensidad del momento. El humo denso, de tonalidades grises y ocres, se eleva desde el fondo, ocultando parcialmente la arquitectura que sirve de telón de fondo y contribuyendo a una atmósfera opresiva y asfixiante. La luz, aunque escasa, ilumina selectivamente algunos elementos: las banderas ondeantes en primer plano, los rostros de los combatientes más cercanos al espectador, y el fuego que devora parte del edificio.
En la parte frontal, un grupo de figuras empuña armas blancas y sostiene una bandera tricolor, símbolo inequívoco de una revolución o sublevación. La energía de este grupo contrasta fuertemente con la pasividad de los cuerpos caídos, sugiriendo el triunfo de una facción sobre otra. Un caballo al galope, montado por un individuo en uniforme azul, añade dinamismo a la composición y refuerza la idea del avance victorioso.
El uso de la perspectiva es notable; se crea una sensación de profundidad que atrae al ojo hacia el fondo donde las llamas consumen parte de la estructura arquitectónica. Esta representación del fuego no solo simboliza la destrucción física, sino también la purga de un antiguo régimen o sistema de poder.
Subyacentemente, la pintura parece explorar temas de violencia política, sacrificio y cambio radical. La disposición de los cuerpos sugiere una pérdida significativa en el bando derrotado, mientras que la bandera tricolor representa la esperanza de un nuevo orden. La composición general transmite una sensación de triunfo agridulce; aunque se celebra la victoria, queda patente el alto costo humano del conflicto. El autor ha logrado capturar no solo un evento específico, sino también la esencia misma de una revolución: su brutalidad, su fervor y sus consecuencias duraderas.