Château de Versailles – Charles Beaubrun and Henri Beaubrun the Younger -- Louis XIV and his wet-nurse Mme Longuet de la Giraudière
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El niño, vestido con un atuendo lujoso adornado con encajes y un distintivo azul, se aferra a su pecho, buscando alimento o consuelo. La representación del pecho desnudo, aunque velado por la tela de la prenda, es notable; no se presenta de manera sensual, sino como una función biológica esencial, un elemento clave en el acto de amamantar que define la relación entre ambos personajes. La luz incide sobre esta zona, enfatizando su importancia dentro del contexto representado.
El vestuario de la mujer es igualmente significativo. El rico tejido dorado y los detalles de encaje sugieren una posición social elevada, aunque no necesariamente propia de ella misma. La prenda, con sus hombros descubiertos, permite vislumbrar la piel y el pecho, pero lo hace de manera controlada, dentro de las convenciones artísticas de la época. El color dorado en su atuendo podría simbolizar la realeza o la prosperidad asociada al niño que sostiene.
El fondo oscuro y difuso contribuye a aislar a los personajes principales, concentrando la atención del espectador sobre ellos. La composición es estática, casi teatral, sugiriendo una escena cuidadosamente posada para ser representada.
Subyacentemente, esta pintura plantea interrogantes sobre el rol de la mujer en la sociedad de la época, particularmente en lo que respecta a la crianza y la educación de los miembros de la realeza. La presencia de la nodriza implica una delegación del cuidado maternal, un acto común entre las familias nobles para asegurar la supervivencia y el bienestar de sus herederos. La imagen podría interpretarse como una representación idealizada de esta práctica, donde se busca equilibrar la necesidad de nutrición con los requisitos de decoro y estatus social. La formalidad en la pose y la mirada de la mujer sugieren una distancia emocional, un recordatorio de que su función es principalmente profesional, aunque vital para el futuro del niño. La pintura, por tanto, no solo retrata un momento íntimo, sino que también alude a las complejas dinámicas sociales y políticas que rodean el nacimiento y la educación de un heredero real.