Evelyn De Morgan – Cadmus and Harmonia
Ubicación: The De Morgan Centre, London
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El entorno se presenta como un paisaje agreste y montañoso, delimitado por un cielo plomizo que sugiere una atmósfera melancólica o premonitoria. En primer plano, una franja de vegetación florida aporta un toque de vitalidad a la escena, pero este contraste no logra mitigar la sensación general de tensión y misterio. La disposición del terreno, con sus rocas abruptas y el lago distante, acentúa la soledad de la figura central.
La postura de la mujer es digna y desafiante; su mirada, dirigida hacia adelante, denota una mezcla de resignación y fortaleza. El gesto de sostener las serpientes no parece uno de temor o repulsión, sino más bien de control y aceptación. Esta actitud sugiere una conexión profunda con fuerzas primordiales, quizás incluso un simbolismo relacionado con la fertilidad, el renacimiento o la capacidad de transformar lo negativo en positivo.
La presencia de las serpientes introduce una capa de complejidad interpretativa. Tradicionalmente, estos reptiles se asocian con la sabiduría, la tentación y el peligro. En este contexto, podrían representar tanto los desafíos que la mujer debe enfrentar como su poder para superarlos. La forma en que las serpientes se entrelazan alrededor de su cuerpo podría simbolizar una carga o un destino inevitable, pero también una protección o una conexión con lo divino.
El uso del color es notable: el dorado del cabello y las serpientes resalta sobre la palidez de la piel y los tonos apagados del paisaje, creando un punto focal que atrae inmediatamente la atención del espectador. La técnica pictórica se caracteriza por un detallismo minucioso en la representación de la anatomía humana y la textura de las escamas, lo que contribuye a una sensación de realismo idealizado.
En definitiva, esta pintura plantea interrogantes sobre el destino humano, la relación entre el individuo y sus fuerzas internas, y la capacidad de encontrar belleza y significado incluso en medio del sufrimiento o la adversidad. La figura femenina emerge como un símbolo de resistencia, sabiduría y aceptación frente a lo inevitable.