Benozzo Gozzoli – 10scene 001
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En el centro del cuadro, un hombre vestido con ropajes ricos y ceremoniales –un manto rojo forrado de piel y un gorro morado– está sentado sobre lo que parece ser un banco o plinto, absorto en la lectura de un libro abierto. Su postura es ligeramente inclinada hacia adelante, indicando concentración e interés por el texto que tiene ante sí. A su derecha, una figura femenina, ataviada con una túnica amarilla y un velo blanco, se dirige hacia él, extendiendo una mano como si ofreciera algo o buscara su atención. La expresión de la mujer es difícil de precisar; podría interpretarse como curiosidad, solicitud o incluso súplica.
A la izquierda, en segundo plano, una figura masculina con vestimenta más sencilla observa la escena desde cierta distancia. Su presencia sugiere un rol de testigo o narrador, aunque su actitud permanece ambigua. La luz que incide sobre él es tenue y difusa, lo que contribuye a su carácter secundario dentro del conjunto.
El jardín en el que se desarrolla la acción está meticulosamente representado. Se distinguen árboles con follaje denso, arbustos floridos y una vegetación variada que aporta riqueza visual al entorno. En el fondo, se vislumbra un edificio de arquitectura clásica, posiblemente un templo o palacio, lo que sugiere un contexto cultural elevado y sofisticado.
La pintura transmite una sensación de quietud y contemplación. La composición es equilibrada y armoniosa, con una distribución cuidadosa de las figuras y los elementos del paisaje. El uso de colores cálidos –rojo, amarillo, dorado– refuerza la impresión de riqueza y solemnidad.
Subtextualmente, esta obra podría interpretarse como una alegoría sobre el conocimiento, la transmisión cultural o la relación entre el individuo y el poder. La figura del lector, absorto en su libro, simboliza la búsqueda del saber y la importancia de la lectura como fuente de sabiduría. La mujer que se acerca a él podría representar la personificación de la virtud, la razón o incluso una encarnación de la propia Musa inspiradora. El observador distante, por su parte, alude a la función del arte como espejo de la sociedad y testimonio de los valores humanos. En definitiva, el cuadro invita a la reflexión sobre temas universales como la educación, la moralidad y la búsqueda de la verdad.