Benozzo Gozzoli – The Raising of Lazarus, probably 1497, 65.5x80.5 c
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La iluminación es crucial para el efecto general. Una luz intensa y dorada ilumina la figura central y al hombre resucitado, contrastando con las zonas más oscuras que delimitan la escena y acentúan la profundidad del espacio. Esta luz no solo define los personajes principales sino que también sugiere una intervención divina, un momento de gracia trascendental.
El grupo a la derecha, compuesto por numerosos hombres, se presenta como testigos de este evento milagroso. Sus rostros reflejan una mezcla de incredulidad y reverencia. La disposición de estos personajes crea una sensación de movimiento hacia adelante, dirigiendo la mirada del espectador hacia el punto focal: el contacto entre las manos de las dos figuras centrales.
En primer plano, a la izquierda, un hombre arrodillado con las manos juntas parece implorar o interceder por el resucitado. Su postura y expresión sugieren una profunda devoción y quizás también una comprensión limitada del poder que se manifiesta ante él.
El paisaje de fondo, aunque difuso, introduce elementos arquitectónicos y vegetación que sitúan la escena en un contexto más amplio, posiblemente urbano o suburbano. La presencia de edificios y árboles sugiere una conexión entre el mundo terrenal y un reino superior.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas de vida y muerte, fe y duda, poder divino y fragilidad humana. El contraste entre la oscuridad que rodea a los personajes y la luz que ilumina al hombre resucitado puede interpretarse como una alegoría del paso de la muerte a la vida eterna. La variedad de expresiones en los rostros de los testigos sugiere la complejidad de la experiencia religiosa, donde la fe coexiste con el asombro y la incertidumbre. La meticulosa representación de las telas, tanto las que cubren al hombre resucitado como las vestimentas de los personajes, revela una atención al detalle que busca transmitir no solo la realidad física del evento sino también su significado simbólico. La composición general, con su equilibrio entre figuras individuales y el grupo colectivo, invita a la contemplación sobre la naturaleza de la divinidad y su impacto en la vida humana.