Part 1 National Gallery UK – Bernardino Licinio - The Madonna and Child with Saints
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En el centro del cuadro, una mujer, presumiblemente la figura central, sostiene en su regazo a un niño pequeño. Su rostro irradia serenidad y dulzura, mientras que sus ojos parecen dirigirse hacia arriba, con una expresión de contemplación o devoción. El niño, desnudo y con una piel alabastrina, se aferra a ella con delicadeza, buscando refugio en su abrazo maternal. A la derecha de la mujer, un hombre mayor, con barba blanca y vestimentas modestas, coloca su brazo protector sobre el hombro del niño, transmitiendo una sensación de paternalismo y cuidado.
La figura situada a la izquierda completa la composición. Esta persona, ataviada con ropas doradas y sosteniendo un estandarte rojo, mira directamente al espectador con una expresión que mezcla solemnidad y quizás cierta inquietud. La paleta cromática es rica en tonos cálidos: rojos profundos, ocres dorados y marrones terrosos dominan la escena, contrastando con el azul del cielo y el blanco de la piel del niño.
La disposición de las figuras sugiere una jerarquía visual, con la mujer y el niño como foco principal de atención. La luz incide sobre ellos, resaltando sus rostros y creando un halo de santidad alrededor de la figura femenina. El estandarte que sostiene la figura a la izquierda podría simbolizar poder o autoridad, aunque su mirada directa al espectador introduce una nota de ambigüedad en la interpretación.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas universales como la maternidad, la protección familiar y la divinidad. La serenidad del rostro de la mujer contrasta con la posible inquietud expresada por la figura a la izquierda, sugiriendo quizás un conflicto entre lo terrenal y lo espiritual. El paisaje brumoso en el fondo podría interpretarse como una representación simbólica del misterio divino o de la trascendencia. La composición, aunque tradicional en su iconografía, presenta una cierta naturalidad en las expresiones faciales y en la interacción entre los personajes, lo que le confiere un aire de intimidad y humanidad.