Part 5 National Gallery UK – Michelangelo Merisi da Caravaggio - Boy bitten by a Lizard
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El joven viste una túnica blanca que se desliza por uno de sus hombros, dejando al descubierto parte de su piel, también iluminada y resaltando la textura y la vitalidad de la carne. Sus manos están extendidas, una de ellas con los dedos ligeramente flexionados como si intentara apartar algo o protegerse del dolor. La otra mano se levanta en un gesto instintivo, quizás buscando ayuda o expresando incredulidad ante lo sucedido.
En el primer plano, sobre una superficie oscura y rugosa, encontramos una naturaleza muerta que complementa la escena principal. Un jarrón de cerámica azul contiene una selección de frutas: cerezas rojas vibrantes, aceitunas verdes y un racimo de uvas oscuras. La disposición de las frutas es aparentemente casual, pero contribuye a crear una sensación de opulencia contrastada con el sufrimiento del joven.
La ausencia casi total de fondo acentúa la concentración en la figura central y en los objetos cercanos. El uso magistral del claroscuro, característico del autor, intensifica la emotividad de la obra. La luz no solo ilumina al personaje, sino que también modela su cuerpo y enfatiza sus expresiones faciales, creando una atmósfera de tensión palpable.
Más allá de la representación literal de un dolor físico – presumiblemente causado por el bocado de una lagartija, aunque esta no es visible–, la pintura sugiere subtextos más profundos. El sufrimiento del joven puede interpretarse como una metáfora de las tribulaciones humanas, de los pequeños pero intensos dolores que conforman la experiencia vital. La flor blanca podría simbolizar la fragilidad y la transitoriedad de la belleza frente al dolor. La naturaleza muerta, con su abundancia de frutas, podría representar la fugacidad del placer y la inevitabilidad del sufrimiento. En definitiva, el autor plantea una reflexión sobre la condición humana, explorando temas como el dolor, la vulnerabilidad y la búsqueda de consuelo en un mundo imperfecto.