Yamada Shoin – pic04191
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La composición se articula alrededor de un eje central que atraviesa el plano medio, donde se aprecia una masa blanca, presumiblemente una bola de nieve en proceso de construcción o manipulación. Alrededor de esta esfera, las mujeres interactúan con gestos delicados y aparentemente despreocupados. Una figura, envuelta en un manto estampado, parece dirigir la acción, mientras que otras observan o participan en el juego.
La paleta cromática es notablemente restringida, dominada por tonos fríos: grises, azules y blancos que evocan la sensación de frío y pureza del invierno. Sin embargo, se introducen toques vibrantes de color – amarillos, verdes y rojos – en los kimonos de las mujeres, creando contrastes visuales que animan la escena y aportan una nota de calidez. La disposición de estos colores no parece aleatoria; más bien, contribuyen a guiar la mirada del espectador y a enfatizar ciertos elementos de la composición.
El tratamiento de la perspectiva es característico del arte japonés: se privilegia la bidimensionalidad y se minimiza la profundidad espacial. Esto acentúa la sensación de plano y de decorativismo que impregna la obra. La estructura arquitectónica lejana, representada con líneas simples y colores apagados, funciona como un punto de referencia visual, anclando la escena en un contexto geográfico definido pero sin perturbar la atmósfera general de intimidad y serenidad.
Más allá de su valor estético, esta pintura sugiere una reflexión sobre el paso del tiempo, la fugacidad de los momentos de alegría y la belleza efímera de la naturaleza. La nieve, símbolo de pureza y renovación, contrasta con la calidez de las figuras humanas, creando una tensión dinámica que invita a la contemplación. El juego infantil con la bola de nieve puede interpretarse como una metáfora de la vida misma: un breve instante de diversión y despreocupación en medio del invierno. La escena evoca una sensación de nostalgia y melancolía, pero también de esperanza y renovación.