Charles Frederick Goldie – Te Hei Ngatiraukawa 1907 61.5x51cm
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Aquí se observa un retrato de un hombre adulto mayor, presentado dentro de un formato ovalado que acentúa su presencia individual y lo aísla del entorno. La composición es frontal, con el sujeto mirando ligeramente hacia la izquierda, creando una sensación de introspección o quizás de observación dirigida al espectador.
La paleta cromática se centra en tonos terrosos y verdes apagados para el fondo, que contribuyen a un ambiente sombrío y melancólico. La luz incide sobre el rostro del retratado, resaltando las arrugas profundas que marcan su piel, testimonio de una vida vivida intensamente. La textura de la piel se representa con gran detalle, evidenciando la edad avanzada y posiblemente las condiciones ambientales a las que ha sido expuesto.
El hombre lleva un elaborado tatuaje facial, conocido como moko, que cubre sus mejillas, barbilla y labios superiores. Este intrincado diseño no es meramente decorativo; es una narrativa visual de su identidad, linaje y estatus social dentro de su comunidad. La precisión con la que se ha plasmado el moko sugiere un profundo respeto por las tradiciones culturales del retratado.
El cabello, predominantemente blanco con algunos mechones oscuros, está peinado hacia atrás, revelando una frente amplia y expresiva. Un colgante, posiblemente de jade o piedra verde similar, adorna su pecho, añadiendo un elemento de simbolismo cultural y quizás indicando rango o pertenencia a un grupo específico. Las plumas negras que cuelgan de sus hombros refuerzan la conexión con las tradiciones ancestrales y el espíritu guerrero.
La postura del hombre es ligeramente encorvada, lo que podría interpretarse como una señal de cansancio, sabiduría acumulada o incluso humildad. La mirada, aunque directa, no es agresiva; transmite una sensación de dignidad y serenidad.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas de identidad cultural, memoria ancestral y el paso del tiempo. El retrato captura un momento crucial en la historia de una comunidad, preservando la imagen de un individuo que encarna sus valores y tradiciones. La elección de representar a un hombre mayor sugiere una reflexión sobre la sabiduría de los ancianos y la importancia de transmitir el conocimiento a las generaciones futuras. La atmósfera general evoca una sensación de respeto por la cultura representada y una invitación a contemplar la complejidad de la experiencia humana.