Charles Frederick Goldie – Thoughts of a Tohunga Wharekauri Tahuna 1933 49.5x44.3cm
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La piel del retratado presenta una tonalidad verdosa, producto tanto de la técnica pictórica como posiblemente de una interpretación artística de los pigmentos naturales presentes en su etnia. El cabello, canoso y con algunos mechones blancos, se levanta ligeramente desde la frente, añadiendo un elemento de dignidad a su apariencia.
Un rasgo distintivo es el intrincado trabajo de tatuaje facial (moko), que cubre gran parte del rostro. Estas marcas no son meramente decorativas; en la cultura polinesia, el moko es una forma de narración visual, transmitiendo información sobre el linaje, estatus social y logros personales del individuo. La meticulosidad con que se ha representado este tatuaje sugiere un profundo respeto por las tradiciones culturales del retratado.
El hombre lleva adornos en sus orejas: largos pendientes colgantes, posiblemente de jade o una piedra similar, y un colgante alrededor del cuello, también de apariencia jadeíta. Estos elementos sugieren un estatus elevado dentro de su comunidad, indicando quizás un rol espiritual o liderazgo. La vestimenta, aunque parcialmente oculta por la composición, parece consistir en una capa o manto con un patrón vertical que recuerda a las plumas o a tallos vegetales.
El autor ha logrado capturar no solo la apariencia física del hombre, sino también una sensación de sabiduría y experiencia acumulada a lo largo de los años. La mirada baja, ligeramente desviada, invita al espectador a reflexionar sobre el peso de la historia personal y colectiva que reside en este rostro. La paleta de colores, dominada por tonos terrosos y verdes apagados, contribuye a una atmósfera de introspección y solemnidad.
Subtextualmente, la obra podría interpretarse como un intento de preservar y honrar una cultura ancestral frente a posibles influencias externas o cambios sociales. El retrato se convierte en un documento visual que busca transmitir la importancia del linaje, las tradiciones orales y el conocimiento transmitido de generación en generación. La figura representa, por tanto, no solo a un individuo concreto, sino también a un símbolo de identidad cultural y resistencia.