Pierre Bonnard – the bath mitten 1942
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La paleta cromática es dominada por tonos cálidos – amarillos, naranjas, ocres y dorados – que envuelven tanto a la figura como al entorno. Esta elección contribuye a una atmósfera íntima y contenida, casi opresiva en su calidez. La luz, aunque presente, no es uniforme; se concentra en ciertas áreas del cuerpo de la mujer, acentuando sus volúmenes y creando un juego de luces y sombras que enfatiza su anatomía.
El espacio arquitectónico está simplificado a su mínima expresión: las cortinas verticales dividen el plano, sugiriendo una habitación o alcoba. A través de la abertura se vislumbra un paisaje difuso, con pinceladas rápidas que denotan una falta de detalle y una cierta lejanía emocional. La presencia de algunos objetos sobre una superficie – botellas, quizás cosméticos – refuerza la idea de un ritual íntimo, un momento privado dedicado al cuidado personal.
La postura de la mujer sugiere vulnerabilidad y reflexión. No se trata de una representación idealizada del cuerpo femenino; más bien, se presenta con cierta crudeza, sin adornos ni artificios. La mirada baja puede interpretarse como una señal de introspección o incluso de melancolía. El objeto que sostiene en sus manos – el guante de baño – adquiere así un significado simbólico: podría representar la rutina, la domesticidad, o incluso una forma de consuelo frente a las incertidumbres del mundo exterior.
En general, la obra transmite una sensación de aislamiento y contemplación. La figura femenina se encuentra encerrada en su propio universo interior, alejada del bullicio y los acontecimientos que ocurren más allá de las cortinas. El uso de colores cálidos y la simplificación de las formas contribuyen a crear una atmósfera opresiva pero también sugerente, invitando al espectador a reflexionar sobre temas como la soledad, la identidad y el paso del tiempo. La composición vertical acentúa esta sensación de clausura, atrapando a la figura en un espacio limitado y definido.