Pierre Bonnard – pastoral symphony 1916 20
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
La paleta cromática es rica y vibrante, dominada por tonos verdes intensos que definen el terreno, contrastados con azules profundos en el cielo y amarillos cálidos que sugieren un atardecer o amanecer distante. La pincelada es expresiva, suelta y gestual, otorgando a la obra una sensación de movimiento y vitalidad.
En primer plano, se aprecia una mujer sentada sobre lo que parece ser un lecho de hojas secas, con el cabello largo y ondulado enmarcando su rostro. A su lado, otro personaje masculino, vestido con ropas sencillas, observa hacia adelante con una expresión contemplativa. A la izquierda, una figura femenina, posiblemente amamantando a un niño, se encuentra junto a una vaca de pelaje rosado, cuyo color inusual contribuye a la atmósfera onírica y simbólica del conjunto. En el centro, entre los personajes, se vislumbran otras figuras humanas, difusas y apenas esbozadas, que parecen integrarse en la naturaleza circundante.
La composición no busca una representación realista; más bien, parece aspirar a capturar un estado de ánimo, una sensación de armonía y conexión con la tierra. La luz, aunque presente, es difusa y etérea, contribuyendo a crear una atmósfera de ensueño.
Subyace en esta obra una idealización del mundo rural, una búsqueda de la pureza y la inocencia perdidas en el contexto urbano e industrial. La presencia de los animales, especialmente la vaca con su color inusual, sugiere una vuelta a lo primordial, a un estado de existencia más cercano a la naturaleza. La disposición de las figuras humanas, en actitudes contemplativas o maternales, refuerza esta idea de conexión y armonía. Se intuye una intención de evocar un mundo utópico, donde el hombre y la naturaleza coexisten en paz y equilibrio. El uso del color, deliberadamente no naturalista, acentúa este carácter simbólico y expresivo, alejando la obra de una mera descripción realista para adentrarse en un territorio más subjetivo y emocional.