Vasily Kandinsky – On white II
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Se observan triángulos, algunos definidos con contornos nítidos y otros más difusos, que apuntan en diversas direcciones, generando una sensación de dinamismo y movimiento ascendente. Un triángulo rojo, situado en la parte superior derecha, parece dirigir la mirada hacia el centro de la composición. Junto a él, un conjunto de líneas diagonales negras refuerzan esta impresión de inestabilidad controlada.
El uso del color es deliberado: el amarillo ocre aporta calidez y luminosidad, mientras que los tonos verdes y azules introducen una nota de frialdad y profundidad. El negro se utiliza para definir contornos y crear contrastes marcados. La presencia de pequeños cuadrados con patrones geométricos (uno en particular con un diseño de tablero de ajedrez) sugiere una reflexión sobre la estructura y el orden, aunque estos elementos parecen estar fragmentados y descontextualizados.
En la parte inferior izquierda, se aprecia una serie de formas curvilíneas que recuerdan a elementos orgánicos o incluso a símbolos abstractos de naturaleza desconocida. Estas figuras contrastan con las líneas rectas y los ángulos definidos del resto de la obra, creando una tensión visual interesante. Un conjunto de líneas paralelas verticales en la esquina inferior derecha anclan la composición, ofreciendo un punto de estabilidad en medio del aparente desorden.
La pintura no parece narrar una historia concreta, sino que invita a la contemplación y a la interpretación subjetiva. Podría interpretarse como una representación visual de la complejidad del mundo moderno, donde las formas y los significados se fragmentan y se recombinan constantemente. La ausencia de referencias figurativas tradicionales sugiere una búsqueda de un lenguaje artístico más puro y esencial, centrado en la exploración de las relaciones entre color, forma y espacio. La obra evoca una sensación de misterio y ambigüedad, dejando al espectador la tarea de construir su propio significado a partir de los elementos presentados.