Black accompaniment Vasily Kandinsky (1866-1944)
Vasily Kandinsky – Black accompaniment
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Pintor: Vasily Kandinsky
Vasily Vasilievich Kandinsky fue un pintor ruso y el fundador del abstraccionismo. Descubrió su talento para el dibujo a los 30 años tras conocer la obra Haystacks de Monet. Hasta ese momento, Vasiliy, tras licenciarse en Derecho, se convirtió en profesor. Poco después, la Universidad de Dorpat le invita a trabajar como profesor adjunto, pero Kandinsky se niega. El futuro pintor cambia varias veces de lugar de residencia, eligiendo entre Rusia, Alemania y Francia.
Descripción del cuadro "Acompañamiento negro" de Wassily Kandinsky
Vasily Vasilievich Kandinsky fue un pintor ruso y el fundador del abstraccionismo. Descubrió su talento para el dibujo a los 30 años tras conocer la obra Haystacks de Monet. Hasta ese momento, Vasiliy, tras licenciarse en Derecho, se convirtió en profesor. Poco después, la Universidad de Dorpat le invita a trabajar como profesor adjunto, pero Kandinsky se niega.
El futuro pintor cambia varias veces de lugar de residencia, eligiendo entre Rusia, Alemania y Francia. Con el tiempo, Kandinsky adquirió la nacionalidad francesa y trasladó a su mujer con él.
Como artista, Vasily Vasilievich asistió a muchas exposiciones en todo el mundo, dando clases de pintura y perfeccionando sus habilidades bajo la tutela de los mejores maestros de su tiempo. Más adelante, Kandinsky desarrolla un concepto innovador del uso rítmico del color en la pintura. En su obra, ha identificado una línea principal para la creación de obras abstractas, que han sido ampliamente populares entre el público.
El cuadro Acompañamiento negro fue pintado en 1924. Presenta varios tipos de formas geométricas "superpuestas". La obra está llena de una inusual combinación de colores brillantes y chillones sobre un fondo negro difuminado.
Al artista le gustaba jugar con la imaginación del espectador, recogiendo las más diversas formas de imágenes y colores. De este modo, presentó a la sociedad su insólita visión del entorno, que se convirtió en toda una sensación entre los críticos estéticos que lograron encontrar cierto sentido a sus obras.
Kandinsky operaba con una combinación de lo incompatible. En sus lienzos abundan las formas afiladas y los colores pretenciosos. La obra particular del artista no se convirtió en una de las pinturas populares, pero encontró su público en una serie de lienzos dedicados a la estética de la geometría.
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Un elemento central es el círculo rojo intenso, situado ligeramente descentrado y rodeado por una aureola de tonos pastel que suavizan su impacto. Este círculo actúa como un punto focal, atrayendo la mirada y estableciendo una jerarquía dentro del caos aparente. Alrededor de él, se despliegan triángulos, rectángulos y formas indefinidas, algunos superpuestos, otros translúcidos, creando una sensación de profundidad ilusoria.
Las líneas son igualmente importantes. Se extienden en múltiples direcciones: algunas rectas y paralelas, otras diagonales y dinámicas, como si fueran estelas dejadas por objetos imaginarios en movimiento. Estas líneas no delimitan formas, sino que las atraviesan, sugiriendo una energía vibrante y un flujo constante.
La paleta de colores es restringida pero efectiva. Predominan los tonos fríos (grises, azules, violetas) contrastados con toques cálidos (rojo, amarillo, naranja). Esta contraposición genera tensión visual y contribuye a la sensación de inestabilidad inherente a la obra. La presencia de pequeños cuadrados en la esquina inferior derecha, organizados en una estructura casi arquitectónica, introduce un elemento de orden que se contrapone al dinamismo general.
Subtextualmente, esta pintura podría interpretarse como una representación de la complejidad del mundo moderno, donde las formas y los valores tradicionales se fragmentan y recombinan constantemente. La ausencia de figuras humanas o referencias narrativas sugiere una exploración puramente formal, centrada en la relación entre las líneas, los colores y las formas. La sensación de movimiento y energía podría evocar la música, como si el artista estuviera intentando plasmar visualmente un acompañamiento sonoro abstracto. El desequilibrio deliberado y la aparente falta de lógica podrían interpretarse como una crítica a la necesidad imperiosa de orden y claridad en una era de incertidumbre. En definitiva, se trata de una obra que invita a la contemplación y a la interpretación subjetiva, más allá de cualquier significado preestablecido.