Old City II Vasily Kandinsky (1866-1944)
Vasily Kandinsky – Old City II
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Pintor: Vasily Kandinsky
La "Ciudad Vieja" de Wassily Kandinsky fue pintada durante su búsqueda creativa, en 1902, y pertenece a las primeras obras del artista. La obra fue creada en la dirección del Art Nouveau, caracterizada por sus formas generalizadas. Al igual que muchas de sus primeras obras, el cuadro presenta una paleta de colores viva, típica del Romanticismo. Kandinsky pasó varios años en Múnich, donde a menudo estaba de buen humor.
Descripción del cuadro "Ciudad vieja" (1902) de Wassily Kandinsky.
La "Ciudad Vieja" de Wassily Kandinsky fue pintada durante su búsqueda creativa, en 1902, y pertenece a las primeras obras del artista. La obra fue creada en la dirección del Art Nouveau, caracterizada por sus formas generalizadas. Al igual que muchas de sus primeras obras, el cuadro presenta una paleta de colores viva, típica del Romanticismo. Kandinsky pasó varios años en Múnich, donde a menudo estaba de buen humor. Tras su viaje a la ciudad medieval de Rottenburg am Tauber, el maestro pudo conservar agradables impresiones y recuerdos, que le devolvieron al mundo de los ensueños de los cuentos. A pesar de que el artista experimentó una larga separación de su familia y la muerte de su tío natal, pintó con gran viveza. Los recuerdos agradables le ayudaron a superar la soledad.
El artista tenía una memoria visual y una percepción increíbles. Gracias a su talento era capaz de reproducir, de memoria, los paisajes que veía. Kandinsky representó la ciudad con colores vivos, creando un aspecto exageradamente estilizado. El cuadro está pintado con trazos vigorosos. El amarillo y el rojo predominan, inundando todo el espacio. El sol representa metafóricamente el amor, la belleza, la felicidad y la armonía. Esta metáfora es típica del simbolismo.
El cuadro representa la silueta de una mujer inmóvil. La mujer lleva un vestido característico de la Edad Media. A espaldas de la heroína hay una ciudad. La mujer parece estar congelada en la anticipación. El argumento recuerda a otra obra del maestro, titulada "Atardecer", en la que un jinete se dirige a la ciudad vieja. Comparado con "Sunset", "Old Town" parece más orgánico. Hay una cierta correlación y una implicación simbólica oculta entre estos cuadros. Tal vez la heroína está esperando a su jinete en su camino a la ciudad vieja
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La paleta cromática se caracteriza por tonos cálidos, predominando los ocres, amarillos y verdes, con toques más intensos en las construcciones y el cielo. La luz parece provenir de un punto alto, proyectando sombras que acentúan la textura del terreno y contribuyen a una sensación de profundidad.
Las edificaciones se presentan simplificadas, reducidas a volúmenes geométricos que sugieren una arquitectura medieval o renacentista. Las torres, en particular, se alzan como elementos verticales dominantes, marcando el horizonte y enfatizando la solidez y permanencia del lugar. No obstante, su representación no es realista; los contornos son imprecisos y las proporciones parecen deliberadamente alteradas, lo que sugiere una interpretación subjetiva de la realidad más que una mera reproducción fiel.
En primer plano, un camino serpentea hacia la ciudadela, guiando la mirada del espectador. Una figura humana, vestida con ropas claras, se encuentra sobre este camino, aparentemente inmersa en su propio mundo y ajena al entorno monumental que la rodea. Su presencia introduce una escala humana a la composición y podría interpretarse como un símbolo de soledad o contemplación ante el paso del tiempo y la historia.
La pincelada es visible y expresiva, con trazos gruesos y empastados que añaden dinamismo a la superficie pictórica. Esta técnica contribuye a una sensación de inestabilidad visual, alejándose de la representación académica tradicional y acercándose a una visión más personal y emocional del paisaje.
Subtextualmente, la obra podría interpretarse como una reflexión sobre el peso de la historia, la relación entre el individuo y el entorno construido, o incluso una exploración de la memoria colectiva y la identidad cultural. La simplificación de las formas y la distorsión de la perspectiva sugieren una búsqueda de significado más allá de lo puramente visual, invitando al espectador a completar la narrativa con su propia interpretación. El contraste entre la monumentalidad de la ciudadela y la fragilidad de la figura humana plantea interrogantes sobre el poder del tiempo y la transitoriedad de la existencia individual frente a la permanencia de los monumentos históricos.