Jurriaen Ovens (Attributed) – Jacob Fighting the Angel
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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Aquí se observa una composición dramática centrada en un encuentro físico intenso entre dos figuras. A la izquierda, un hombre de complexión robusta, con barba y expresión de esfuerzo, parece estar luchando contra una entidad que le domina. Su postura es tensa, el cuerpo inclinado hacia adelante, los brazos extendidos en un agarre desesperado. La ropa, tosca y de tonos terrosos, acentúa su aspecto físico y la sensación de lucha primordial.
A su derecha, se presenta una figura andrógina, con facciones delicadas y cabello largo y ondulado que cae sobre sus hombros. Viste una túnica blanca adornada con un cinturón dorado, lo cual sugiere una naturaleza superior o divina. Lo más distintivo es la presencia de unas grandes alas emplumadas que se extienden tras ella, enfatizando su carácter sobrenatural. Su rostro refleja una mezcla de serenidad y resignación, casi como si estuviera soportando el peso del combate sin resistencia activa.
La iluminación juega un papel crucial en la escena. Una luz tenue y difusa ilumina a las figuras desde un ángulo elevado, creando fuertes contrastes de claroscuro que acentúan la tensión muscular del hombre y la palidez etérea de la figura alada. El fondo es oscuro e indefinido, contribuyendo a la sensación de aislamiento y a centrar toda la atención en el combate.
Más allá de la representación literal de una lucha física, esta pintura sugiere una batalla espiritual o interna. La fuerza bruta del hombre podría simbolizar los deseos terrenales, las ambiciones y las luchas humanas contra fuerzas superiores. Por su parte, la figura alada representa quizás un ideal trascendente, una verdad divina que se resiste a ser dominada por la voluntad humana. El hecho de que el hombre esté luchando contra esta entidad sugiere una resistencia inicial a aceptar o comprender esa verdad superior. La actitud pasiva y resignada de la figura alada podría interpretarse como una aceptación inevitable del destino o como una demostración de poder más allá de la comprensión humana.
El encuentro, aunque violento en apariencia, no parece estar marcado por el odio o la animadversión. Hay una cualidad casi ritual en la escena, un enfrentamiento que implica una transformación o una revelación inminente para el hombre. La pintura invita a la reflexión sobre la naturaleza de la fe, la resistencia y la aceptación del destino frente a fuerzas superiores e incomprensibles.