Metropolitan Museum: part 1 – Johannes Vermeer - A Maid Asleep
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La luz juega un papel fundamental en la obra. Proviene de una fuente externa, probablemente una ventana fuera del encuadre, iluminando con claridad el rostro y parte del cuerpo de la joven, mientras que el resto de la habitación se sume en una penumbra sugerente. Esta distribución lumínica acentúa la sensación de quietud y crea un contraste entre lo visible y lo oculto, invitando a la contemplación.
En primer plano, sobre la cama, se disponen diversos objetos: una cesta con pan, unas manzanas, una jarra de cerámica y un pequeño plato. Estos elementos cotidianos, representados con meticuloso realismo, sugieren una escena interrumpida; el trabajo diario ha sido momentáneamente suspendido por el sueño. La disposición aparentemente casual de estos objetos contribuye a la sensación de veracidad y autenticidad de la representación.
La habitación en sí misma es modesta pero ordenada. Se aprecia un marco de puerta abierto que revela una estancia adicional, iluminada tenuemente, donde se vislumbran muebles y una ventana con cortinas. Esta abertura crea una sensación de profundidad y sugiere un mundo más allá del espacio inmediato, aunque sin ofrecer detalles concretos. En la pared, a la izquierda, se distingue un pequeño cuadro colgado, cuya imagen es apenas discernible, añadiendo una capa adicional de misterio e invitando a especular sobre su significado.
La pintura evoca una serie de subtextos relacionados con la vida doméstica, el trabajo femenino y la fugacidad del tiempo. La joven dormida puede interpretarse como un símbolo de la vulnerabilidad y la fragilidad humana, o quizás como una representación idealizada de la belleza en la sencillez. El tapiz oriental, con su rica iconografía, podría aludir a la opulencia y el exotismo, contrastando con la modestia del entorno doméstico. En general, la obra transmite una sensación de calma contemplativa, invitando al espectador a detenerse y reflexionar sobre los pequeños momentos que conforman la vida cotidiana. La maestría en la representación de la luz y las texturas contribuye a crear una atmósfera envolvente y profundamente conmovedora.