Luis Jose Estremadoyro – Still Life with Bourbon and Lobster
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El punto focal indiscutible es la presencia imponente de una botella de licor ámbar, probablemente bourbon, cuyo contenido se revela a través del cristal grueso y facetado. La botella descansa sobre un plato azul celeste, donde se encuentra un langostino vivo, su color rojo intenso contrastando fuertemente con el tono frío del recipiente. Esta yuxtaposición genera una tensión visual inmediata, sugiriendo una dualidad entre la vitalidad y la decadencia, lo natural y lo procesado.
A la izquierda, un jarrón de porcelana blanca alberga unas flores delicadas: orquídeas moradas y una rosa carmesí, junto a un crisantemo amarillo que aporta un toque de calidez. La disposición de las flores no es casual; su belleza efímera contrasta con la permanencia aparente del licor y el langostino. Un cuchillo de hoja plateada se encuentra discretamente cerca del jarrón, insinuando una posible acción o intervención.
En el extremo derecho, un frutero sostiene una selección de frutas: naranjas, una pera y unas uvas oscuras. La fruta, símbolo tradicional de abundancia y prosperidad, parece ligeramente desordenada, lo que podría interpretarse como una sutil crítica a la opulencia o una referencia al paso del tiempo y la inevitable descomposición.
La iluminación es crucial en esta pintura. El artista ha empleado un claroscuro deliberado para resaltar las texturas y los volúmenes de los objetos. La luz, proveniente de una fuente no visible, modela las superficies, creando reflejos sutiles que añaden realismo a la representación.
En términos subtextuales, el bodegón parece explorar temas relacionados con la vanitas – la reflexión sobre la fugacidad de la vida y la inutilidad de los placeres terrenales. La presencia del langostino vivo, destinado al consumo, junto con el licor embriagador y las frutas decadentes, sugiere una meditación sobre la mortalidad y la transitoriedad de la existencia. La meticulosidad en la representación técnica, a pesar de esta carga simbólica, añade una capa de complejidad, invitando a la contemplación silenciosa y a la reflexión personal. El conjunto evoca un ambiente de lujo decadente, pero también de melancolía y conciencia del paso implacable del tiempo.